2021: Odisea en el espacio… de la cocina | Déficit

Jun 18, 04:30 PM
Bienvenidos viajeros del tiempo, sírvanse a abordar la nave DFCT con destino al mundo entre mundos, al espacio que albergan las 4 paredes de una de las habitaciones en las que han pasado más tiempo en su vida.

Abrochen su cinturón y dispónganse a disfrutar del paisaje, eviten sacar los brazos por las ventanas; ya saben lo que le pasó a la niña del camión escolar además de que habría una trágica descompresión en el habitáculo de la nave y moriríamos todos trágicamente.

Después de realizar acciones evasivas hemos librado la posible colisión con varias moscas que viajaban errantes en nuestro cuadrante, hemos tenido que ingresar al refrigerador a través de las ventilas, lo primero que notamos son los huevos, los de nuestro piloto para realizar dichas maniobras.Ya en el refri, sobre el primer compartimento de la puerta observamos los huevos y le hacemos notar al piloto que no es necesario exhibirse, ya sabemos que los tiene bien puestos.
Al mirar el compartimento vemos acomodados de manera elegante una docena de blanquillos, junto a una triste y solitaria mitad de limón, ya decolorada y con un olor añejo, agrio a la distancia, duro como codo de la sultana del norte y aunque demacrado, con una esperanza de ser rescatado para acompañar una comida que dan verdaderas ganas de que alguien ya lo tire por vida de Dios a la basura donde debió estar desde que su otra mitad murió exprimida en aquel taquito de bistec.

Se percibe una baja significativa de temperatura, es porque entramos a un apartado con muros de gran grosor cubiertos de una espesa capa de hielo, a lo lejos se percibe una moneda de 10 pesitos, como si alguien hubiera dejado el valor de un Gansito sobre la desolada y fría superficie. No hay vida inteligente en el área, lo sabemos porque hay un recipiente de helado sabor napolitano que contiene frijoles enteros congelados.

A duras penas y a punto de morir por hipotermia logramos escapar hacia un lugar más templado, se observan pequeños recipientes con ecosistemas enteros del reino fungi en su interior, el olor es característico, huele como a agua sin tapa, como a cocina de periferia, como al trapo que nunca pasó por esa pared, esa pared, que no me deja verte, debe caer por obras del amor…

Después de analizar una placa endurecida de un color amarillento, descubrimos que no es Adamantium, aunque es tan dura como el mismo, es un trozo de queso que ha visto pasar eones en el mismo sitio, como quien espera en la plaza de Mayo, dijo Xabi San Martín. A su lado una barra de mantequilla con sus ropajes rasgados y las huellas de la batalla incrustadas en su piel, al parecer fue profanada junto a rebanadas de pan de caja y mayonesa.

Mientras seguimos en el descenso se observan partes de animales muertos, vegetales mixtos, unos vivos, unos en período de maduración mientras yacen dentro de un periódico en el sueño eterno esperando el día de su gloria, y la gran mayoría muertos ya, trozos de cebolla y tomate a diestra y siniestra, cuál campo de batalla en la Segunda Guerra Mundial, a lo lejos algo que parece que alguna vez fue una lechuga, pero quien compra una para dejarla morir ahí, solo un villano lo haría.

Saliendo del polo frío encontramos lugares cálidos, cascadas de agua, rascacielos de porcelana y un gran almacén de sartenes debajo de las peligrosas llamas de una planicie infernal.

Terminamos nuestro viaje de una forma inesperada cuando al pasar por la ventana iluminada del reloj en cuenta regresiva, una cuchara de metal crea la chispa, la explosión, el final.

Los invitamos a comentarnos sus historias vividas en la cocina y a escuchar las nuestras.

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Las mismas que nacieron para Cruzazulearla o para pensar que tienen la gloria de sus likes para después ser olvidadas unos días después, como Nodal.

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