Castigada a la hora del patio
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Todos recordamos a muchos de los profesores con los que hemos compartido aula. A algunos, de forma positiva y con afecto y a otros con reproches o malestar. A raíz de esto voy a contaros una incidencia crítica que me paso en primaria. Recuerdo perfectamente aquellos días en el que todos mis amigos bajaban al patio a jugar y yo me quedaba sola, en clase, con mi almuerzo y el libro de matemáticas. Y todo eso porque no entendía los ejercicios de matemáticas. La profesora tampoco se molestaba mucho en explicar los ejercicios fuera de clase, porque ella también bajaba al patio a cuchichear con sus compañeras de trabajo. Esos días en el que me quedaba sola en clase me sentía sola, cabizbaja, ignorada…. y cuando llegaba el verano me mandaba un libro lleno de ejercicios de matemáticas. Uno de esos días que estaba castigada a la hora del patio, recuerdo que le pregunte a la profesora que conque fin me dejaba sola en clase haciendo ejercicios de matemática. Ella me contestó que era mala en matemática y que tenía que trabajar más que mis compañeros. No sé si era mala en matemáticas o no, lo que si se es que no quería ser una profesora como ella. Cada vez que veo a esa profesora por la calle le pregunto a mi cabeza, si todavía seguirá castigando a alumnos a la hora del recreo. Me parece poco profesional que una profesora castigue a su alumno por no saber hacer ejercicios. No creo que sea la mejor alternativa castigarlo a la hora del patio. Un niño pasa 6 horas al día en la escuela y de esas seis horas sólo tiene una media hora para jugar con sus compañeros. Quitarle esa media hora a un niño es terrorífico. Que ganaba con castigarme en a la hora del patio? Que culpa tenía yo si no sabía hacer los ejercicios? Al menos, para ser productiva la hora del patio, sería lógico que quedase conmigo la maestra para explicar cómo se hacían los ejercicios no? Cuando cumplí 12 años y empecé en la ESO las notas de matemáticas cambiaron por completo. Seguía teniendo algunas dificultades a la hora de hacer los ejercicios pero esta vez entendía mejor, hasta algunos de esos ejercicios me gustaban. Este cambio se produjo por el cambio de profesora que tuve. Esta profesora era diferente a la otra, tenía toda la paciencia del mundo y aunque le dijera que no entendía el ejercicio no me castigaba a la hora del patio, si no que intentaba explicarme de mil maneras hasta que yo entendiese. Siempre me animaba y me apoyaba y eso significo mucho para mí. Por todo esto y para terminar con mi incidencia crítica, pienso que por más que contemos con los mejores libros, proyectos y materiales del mundo, eso no será suficiente para que los estudiantes se interesen por aprender y trabajar duro si no están motivados y para ello, es muy importante el rol que juega la profesora. En conclusión, saber y saber enseñar no es lo mismo.
