Desafío continuo

Mar 11, 2016, 02:05 PM

Fue cuando Joxemi nos hablaba del siguiente trabajo llamado “confesiones” cuando mi mente se trasladó a mi tercer año de la Eso. Por algo será. En aquel momento iba contenta a clase, aunque recuerdo la frustración que sentía en asignaturas tales como matemáticas o ciencias: lo mío eran las letras, pude comprobarlo poco después. Nunca había sido una chica trabajadora, por más que me lo aconsejaban llevarlo todo al día, el “ya lo haré” siempre se quedaba en nada. Siempre me han costado las matemáticas, y las recuperaciones de las recuperaciones siempre han sido presentes en mi vida. Quizás también porque siempre había sido así, y llegué a creerme que “no valía” para eso. Llegué a tercero de Eso y las cosas no cambiaron, volví a suspender matemáticas. Recuerdo con detalles el día que la tutora nos reunió a mi madre y a mí, sabía lo que se me venía encima: repetir el curso. En aquel momento recuerdo haberme puesto triste, ahora lo veo como algo que no podía haber sido de otra manera. Ni siquiera yo misma confiaba en mí. Finalmente conseguí pasar de curso, pero los roles cambiaron: conseguí creer más en mí, tenía ganas de luchar por conseguir aprobar el siguiente curso, y tenía más ganas que nunca de trabajar. Pero ellos no, los profesores parecían no confiar en mí. Llegó la siguiente reunión, y recuerdo que la profesora me sugirió pasar a la clase de “diversificación”. Tiene gracia la palabra, ¿dónde le veis la diversificación a un aula donde se ve a los alumnos como “tontos”, “atrasados”? Diversificación podría ser, cuando una profesora entra en clase y se sienta a tu lado para ayudarte a seguir con el currículum requerido, donde no te sacan de clase y te hacen sentir inferior, una clase donde eres igual que los demás. Mi decisión fue no. Rotundamente no. Veía mi futuro complicado, pero sabía que si accedía por ese camino “fácil”, jamás llegaría a donde hoy estoy. Fue mi decisión cambiarme de escuela, y fue lo mejor que pude hacer. Ahora miro atrás y me sorprende lo valiente que fui, ya que no conocía a nadie en la otra escuela. No te diré que ha sido fácil, ya que después, al pasar a Bachillerato, fue un poco más complicado. Pero dicen que si el camino es difícil, es porque merece la pena. Y ahí estoy ahora, estudiando lo que quiero estudiar, siendo quien quiero ser, después de haber conseguido lo que otros siempre pensaron que no conseguiría. Basta que otros te digan “no puedes”, para tener una razón más para hacerlo.

Con toda esta reflexión quería deciros que, ya que estamos escuchando en muchas asignaturas la importancia de la palabra “exclusión”, no sólo hay que hablarlo, hay que ponerlo en práctica. Deseo que cambien las cosas, que no se le eche de clase a alguien porque le cuesten más las matemáticas, las ciencias o la lengua. Hay que buscar un apoyo para ayudar a esos alumnos, para que confíen en ellos, no desmoronemos su autoestima, y sobre todo, hacer que crean en ellos mismos.