Dios borra tu pasado, restaura tu presente y bendice tu futuro 09/07/21

Jul 18, 01:06 PM
Pastor José Luis Cinalli
09/07/21
Dios borra tu pasado, restaura tu presente y bendice tu futuro
La ley de la libertad: ¡libres de las herencias de maldad! - Parte VII

“Ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados, 1ª Pedro 1:18 (NVI).

Muchos matrimonios viven en modo de supervivencia. Simplemente sobreviven. Nunca alcanzan las dimensiones espirituales de la alegría y la felicidad. Una posible causa es el bagaje de cosas malas que los novios traen de sus familias de origen. Nuestros antepasados suelen dejarnos como legado muchas cosas buenas, pero también muchas que son malas. Para que el matrimonio no termine en la ruina debemos experimentar libertad de toda herencia generacional de maldad. Dios no edifica sobre restos y ruinas de perversidad y pecado. Dios le dijo a Jeremías: “... Te he puesto... para que arranques y destruyas, para que arruines y derribes...”, Jeremías 1:10 (RVC). Si queremos edificar un matrimonio que le de gloria a Dios debemos limpiarnos de todo lo malo que arrastramos de nuestra familia de origen. Ese proceso de limpieza es vital para que la actual relación no sufra las consecuencias del pecado pasado. Para edificar un buen matrimonio es útil mirar atrás, prestando atención a cómo llegaron al matrimonio. Un chequeo familiar los ayudará a evaluar y tratar el desorden que deban arreglar. En primer lugar, hay que ser libres de las ataduras espirituales del ocultismo y la hechicería: “Que nadie de ustedes… practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos. Porque al Señor le repugnan los que hacen estas cosas…”, Deuteronomio 18:10-12 (DHH).

En momentos de desesperación la gente pacta con el infierno. La enfermedad de un hijo, una deuda impagable, una relación en crisis, etc. Lo que la gente no sabe es que tales alianzas son caras, ¡cuestan un ‘ojo de la cara’! Las alianzas con el infierno son una desgracia y solo pueden ser rotas acudiendo a Jesús. Solo Él tiene el poder para deshacer las obras del diablo. Piensa si tú o alguien de tu familia ha estado involucrado en alguna de las siguientes prácticas: adivinación, horóscopo, cartas de tarot, fetichismo o amuletos para la ‘buena suerte’, brujería, encantamientos, clarividencia, espiritismo, escuela científica Basilio, médium (consultar a los muertos), idolatría, oración a los santos, a los muertos, a los demonios o al mismo diablo. Ocultismo, levitación, metafísica, magia blanca, negra o roja; satanismo, tabla Oüija o juego de la copa; telequinesis (mover objetos), trance, vudú, umbanda, kimbanda, parapsicología, cartomancia (lectura de cartas), quiromancia (lectura de la mano prediciendo el futuro), curanderismo, mal de ojo, empacho, maldiciones, nueva era, meditación trascendental, método de control mental, proyección astral o telepatía. Todas estas prácticas son puertas abiertas al infierno por donde el diablo se mete para robar tus bendiciones. ¡Cierra esas puertas y tendrás un matrimonio bendecido!

¿Pueden los pecados de los antepasados impactar negativamente en el matrimonio? Claro que sí. Los pecados de una persona afectan negativamente las futuras generaciones: “… Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación…”, Éxodo 20:5 (BAD). Sobre ustedes recaerá la culpa por los pecados que cometieron sus padres, y también la culpa por sus propios pecados”, Levítico 26:38 (TLA). “Muestras un amor inagotable a miles, pero también haces recaer las consecuencias del pecado de una generación sobre la siguiente, Jeremías 32:18 (NTV). “Les daré el pago que se merecen… tanto por sus propios pecados, como por los de sus antepasados…”, Isaías 65:6-7 (NTV). Veamos un ejemplo bíblico que confirma este principio. ¿Te acuerdas de los espías enviados por Moisés a reconocer la tierra prometida? Pecaron y como consecuencia murieron antes de tiempo, Deuteronomio 1:35. Peor que eso, sus hijos quedaron maldecidos: “… Sus hijos… vagarán por el desierto… ellos pagarán por la infidelidad de ustedes…, Números 14:33 (NTV). Dios tenía grandes planes para esos jóvenes pero sus padres lo arruinaron todo. El diablo sigue teniendo derecho legal sobre aquellas áreas de nuestras vidas que están atadas a los pecados no confesados y no perdonados de nuestros antepasados. Es posible que tú no sepas que tus padres o abuelos abrieron una puerta de iniquidad al diablo y la maldición haya estado operando en tu vida o en tu familia. Consideremos a Caín, el que por envidia mató a su hermano Abel, Génesis 4:8. Un descendiente suyo llamado Lamec siguió sus pasos: “Lamec dijo a sus mujeres...“Maté a un hombre por haberme herido, y a un muchacho por golpearme”, Génesis 4:23 (BAD). La línea del homicidio permanece vigente. Consideremos a Moisés. Perdió la tierra prometida por causa de su enojo, Números 20:8-12. Y. ¿cuál era la raíz del enojo de Moisés? El pecado de su antepasado Leví (Éxodo 2:1) de quien Dios dijo: “Simeón y Leví son como fieras que atacan siempre con violencia. No quiero estar con ellos… porque en un arranque de enojo mataron gente...”, Génesis 49:5-6 (TLA). Existen patrones malvados de comportamiento que se perpetúan en el tiempo trayendo desgracia a las próximas generaciones. ¡Hay que deshacerse de ese lastre!

Es hora de examinar la historia familiar. El pecado de tus antepasados afectará tu vida y la tu familia mucho más de lo que imaginas. Ser salvos no significa que estemos libres de las consecuencias de los pecados de nuestros padres. Esas raíces espirituales de iniquidad que nos conectan con el pasado deben ser arrancadas. ¿Alguna vez has hecho una limpieza espiritual de tu casa? ¿Qué sabes de tus antepasados? ¿Pactaron con el mundo demoníaco a través de la hechicería, brujería o magia? ¿Existen antecedentes de inmoralidad sexual? ¿Qué pecados se suscitan, una y otra vez en tu vida, que hayan estado presente en generaciones pasadas? Por ejemplo algunas personas sufren por patrones generacionales de adicciones, infidelidades, violencia, abusos, etc. Es hora de romper con toda ligadura espiritual de los antepasados. Es hora de cerrar esas puertas de iniquidad y maldición abiertas por ellos. Es probable que la herencia de maldad esté en tu propia biblioteca. ¿Cuántas personas consideran simplemente un legado sin peligro el conservar libros y revistas que promueven abiertamente el satanismo, hechizos o conjuros? Revisa y mira si el mal está en tu propia habitación donde guardas objetos como amuletos, talismanes o, simplemente regalos que te unen a un pasado de dolor y pecado. Probablemente tengas música o guardes películas que deshonran al Señor. Limpia tu casa, tu computadora y tu celular. Incluso tu mente. Pídele al Espíritu Santo que te guie en esa limpieza. Y una cosa importante: todo lo que sea satánico no lo regales, destrúyelo. ¿Cómo maldecir otra vida regalándole algo que la ate al infierno? Corta todo derecho legal que el diablo tenga sobre tu vida y tu familia. Verás cómo el ambiente espiritual comienza a ser cambiado. La santidad se logra después de varias limpiezas. No creas que podrás limpiar todo tu pasado con una sola ‘barrida’. Solo Él sabe qué cosas en tu casa, computadora, celular o dormitorio lo entristecen y condicionan su bendición. Que Dios sea quién te guie en el proceso de limpieza. Cuando toda tu casa sea purificada se convertirá en el lugar de la presencia de Dios. ¡Bendita limpieza aquella que aleja la maldición y atrae la bendición de Dios!  

Renunciar a la herencia de nuestros antepasados no significa que dejemos de amarlos o cuidarlos. Renunciar a la herencia es declarar que todo pacto con las tinieblas o decisión negativa que hayan tomado nuestros padres, abuelos o bisabuelos, y que nos afecte, queda anulada porque en Cristo Jesús hemos sido adoptados como hijos de Dios el Padre. Depresión, culpa, divorcio, miedo a ciertas enfermedades, suicidio, amargura, ocultismo, pactos de sangre, maldiciones y otras consecuencias podrían estar afectando tu vida. Pero hoy puedes experimentar libertad de todas ellas porque Cristo vino para deshacer las obras del mal. Repite la siguiente oración: “Padre, si mis antepasados le han dado al diablo autoridad legal o espiritual para atar y arruinar mi vida o la de mi familia hoy te pido perdón por todos esos pecados. Al igual que el salmista declaro que: “Nosotros hemos pecado, hemos hecho lo malo... como nuestros padres y abuelos”, Salmo 106:6 (TLA). Y aunque ellos abrieron una puerta de maldición, yo la cierro con el poder espiritual y la autoridad que Cristo me ha dado, según Efesios 1. Hoy mi filiación es con Dios y por la sangre de Cristo he sido adoptado en la familia celestial. Cancelo el derecho de que esa maldición generacional de pecado opere en mi vida o en la de mi familia. Jesucristo murió para librarme de toda iniquidad y aplico su sangre para terminar con el poder de esa maldición. Reconozco, acepto y agradezco el hecho de ser hijo de Dios. Dios, Tú eres mi Padre y yo me siento amado, bendecido y protegido en tus manos. Por ser hijo tuyo declaro que prosperaré y seré bendecido junto con toda mi familia desde ahora y en adelante, según tu propósito, todos los días sin faltar uno, amén”.

Una reflexión final. No te culpes si provienes de una familia que no haya sido de las mejores. En lugar de ello rompe con todas las ataduras de maldición, confía en Dios y mira hacia el futuro. No vuelvas atrás. No irás muy lejos en la vida si viajas mirando por el espejo retrovisor. Si has experimentado algo doloroso, no permitas que esa experiencia sea el enfoque de tu vida; deja de hablar de ello; deja de mencionárselo a tus amigos. Tienes que ir más allá, pues a menos que dejes ir lo viejo, Dios no podrá traerte lo nuevo. Bueno o malo, ya pasó. “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante”, Filipenses 3:13. ¡Mira hacia el futuro! Sacúdete de las malas experiencias del ayer. Suéltate del dolor por las heridas del pasado; rompe con las ataduras generacionales, recibe lo sobrenatural de Dios y camina seguro hacia tu destino eterno. Dios tiene el poder para borrar tu pasado, restaurar tu presente y bendecir tu futuro. ¿Puedes creerlo? El pasado, tus parientes y el legado espiritual por más oscuros que sean, no te impedirán alcanzar todo lo que Dios quiera darte. Elige un camino diferente. No tienes por qué repetir los patrones de comportamiento que arruinaron a tus antepasados.

Dos hermanos fueron criados en el mismo hogar. Compartieron la dura experiencia de crecer junto a un padre alcohólico, autoritario e irresponsable, el cual estuvo varias veces en la cárcel por su mala conducta. El hermano mayor se convirtió en alcohólico, dejó la escuela y se casó. Maltrataba a su familia, no trabajaba y en repetidas ocasiones tuvo problemas con la justicia. Cierta vez le preguntaron por qué actuaba de esa manera, y él contestó: “con el padre y la infancia que tuve, ¿cómo podría ser diferente?”. El hermano menor, a pesar de los problemas y las dificultades, nunca dejó de estudiar, se casó y se convirtió en un atento esposo y en un buen padre. También era un empresario exitoso que aportaba mucho a su comunidad. Un día le preguntaron a qué atribuía su éxito, a lo que él respondió: “con el padre y la infancia que tuve, ¿cómo podría no ser diferente?”. ¡El pasado no debe ser una excusa para detenerte en la vida! Probablemente no puedas decir con orgullo que eres “hijo/a de...”; quizás tu herencia no sea de la mejor. Tal vez la brujería, la inmoralidad o los malos tratos fueron el ambiente diario de tu hogar, pero la buena noticia que venimos a darte es que tus verdaderas raíces se funden en Dios: Antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió..., Efesios 1:4 (NTV). “… Yo los he cuidado… los he llevado en brazos y seguiré haciendo lo mismo hasta que lleguen a viejos… los sostendré y los salvaré porque yo soy su creador, Isaías 46:3-4 (TLA).