Cosas por las que podrías perder el cielo 18/7/2021 #1153

Jul 19, 11:01 AM
Pastor José Luis Cinalli
18/7/2021
Cosas por las que podrías perder el cielo

Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora… entonces recibirán todo lo que él ha prometido, Hebreos 10:36 (NTV).

La perseverancia es clave para terminar la carrera cristiana y entrar al cielo. Sin embargo, la perseverancia está en desuso. Ya nadie permanece aferrado a algo, sea a las convicciones, al cónyuge, a la iglesia o a la fe. Mantener una relación de larga duración con Dios obedeciéndolo en todo parece ser una meta imposible hoy en día. Aun así hemos sido llamados a seguir a Cristo hasta el final. No existe llamado más sublime, ni privilegio más grande. Evaluemos ahora las razones por las que muchos no terminan la carrera de la fe en el cielo:

1.     Menospreciar el llamado de Dios. “... Cristo... nos ha nombrado sacerdotes al servicio de Dios...”, Apocalipsis 1:6 (TLA). El sacerdote tenía dos responsabilidades principales: servir a Dios en intimidad y reconciliar a las personas con Dios, 2ª Corintios 5:18. Fuimos llamados a servir a Dios y a servir para Dios, Marcos 3:14. Sin embargo a muchos cristianos les parece poco haber sido llamados por Dios y se vuelven atrás tal como lo hizo Demas amando más este mundo y lo que él pueda ofrecerles, 2ª Timoteo 4:10. Jesús fue muy claro cuando dijo: “El que persevere hasta el fin, éste será salvo”, Mateo 24:13. “Si somos fieles hasta el fin, confiando en Dios… entonces tendremos parte en todo lo que le pertenece a Cristo”, Hebreos 3:14 (NTV). ¿Terminaremos bien la carrera de la fe? ¿Serviremos a Cristo hasta el último día de nuestra vida? ¿Y cuál es la clave para perseverar hasta el fin? Amar a Jesús más que al ministerio. No te enamores del ministerio sino del Dios que te lo dio. La causa que has abrazado no puede ser más importante que Dios. No debe interponerse en tu relación con Él. Ese fue el error más grande que cometimos. La agenda ministerial terminó ahogando nuestra relación con Dios. Y Dios tuvo que hablarnos con mano fuerte para que volviéramos a restablecer las prioridades. La pasión por Cristo debe ser más grande que la pasión por el llamado, de lo contrario el ministerio se convertirá en nuestro nuevo ídolo. En segundo lugar debes odiar al pecado. Proteger el pecado es una clara indicación de decadencia espiritual. La única prueba inequívoca de que el amor de una persona por Cristo va en aumento es su alejamiento del pecado y su acercamiento a Dios. Las personas temerosas de Dios estorban el pecado de sus propias vidas rápidamente. Saben que Dios no puede quedarse en un lugar donde el pecado sea tolerado, permitido y protegido. Si quieres a Dios y su bendición no permitas que el pecado viva un instante más en tu corazón.

2.     No aceptar ser impopulares. Si un creyente sirve de verdad a Cristo será malinterpretado, difamado y criticado. Si no lo es, entonces que empiece por cuestionar su llamado. ¿Por qué? Porque no sería como su Señor, quien dijo: “Si la gente… me ha maltratado a mí, también los maltratará a ustedes…”, Juan 15:20 (TLA). El apóstol Juan expresó: “Hermanos, no se sorprendan si la gente del mundo los odia”, 1ª Juan 3:13 (PDT). ¿Por qué esperamos entonces que nos traten mejor de lo que trataron a Jesús? Si insistes en ser respetado y alabado pronto abandonarás el servicio y posiblemente también al Señor. Jesús dijo: “Si el mundo los odia, recuerden que primero me odió a mí”, Juan 15:18 (PDT). Y después dijo: “La gente los va a odiar… pero el que persevere hasta el final será salvo”, Mateo 10:22 (PDT). Lo que Jesús está diciendo es que si la crítica te derrumba entonces no tendrás recompensa. No respondas a las críticas. ¿Cómo soportó David la crítica injusta de su propio hermano? Dándose media vuelta. Decide que las críticas no te afectarán negativamente. No podrás impedir que la gente te critique, pero sí podrás hacer algo infinitamente más importante: ¡decidir que no te afectarán! ¿Cómo reaccionas cuando alguien dice algo negativo de ti? ¿Tiendes a responder? Aprende de Jesús, quien jamás desperdició tiempo para responder a los críticos. Nunca abandones tus planes a causa de las críticas.

3.     No estar en sujeción. Demas no terminó la carrera de la fe porque se rindió a los placeres del mundo. Pero Coré, Datán y Abiram no la terminaron porque aspiraron ser algo diferente a lo que Dios quería para ellos. Debido a su rebeldía terminaron sus carreras en el infierno. Descendieron “vivos al Seol”, Números 16:30 (NBJ). No minimicemos el pecado de la división y la rebeldía: “La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería…”, 1º Samuel 15:23 (NTV). Además, la rebeldía te abre las puertas mismas del infierno y los rebeldes van derechito a ser tragados vivos. ¿No fue eso lo que le sucedió a los rebeldes Coré, Datan, Abiram?: “Y abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, y a sus casas…y descendieron vivos al infierno…, Números 16:32-33 (RV2000).

Pensemos ahora en algunos personajes bíblicos que terminaron bien la carrera de la fe. Todos ellos fueron personas muy sujetas. Observa a David. ¿Tú crees que Dios le hubiera dado el título de “varón conforme al corazón de Dios” (1º Samuel 13:14) si hubiera habido una pizca de rebeldía en su corazón? Dios lo puso a prueba para evaluar el estado de su corazón. Hizo recaer un sueño profundo sobre Saúl para ver cómo reaccionaría, 1º Samuel 26:12. Saúl lo había perseguido por más de diez años. Le había robado la esposa, quitado la familia y lo había exiliado en una nación extranjera. La prueba era realmente grande. Sin embargo, al no hacerle ningún daño David se eximió con honores y recibió su recompensa de ser rey: El SEÑOR da su propia recompensa… por ser leal…”, 1º Samuel 26:23 (NTV). David salió exitoso de la prueba más grande de su vida. Al igual que David deberíamos aprender que la rebelión nunca es un recurso atinado y en NINGUN CASO BENDECIDO POR DIOS. El espíritu de división es contrario al evangelio y sus víctimas nunca lo aprendieron en la escuela de Cristo.

Veamos el ejemplo de Pablo quien siempre estuvo sujeto a la iglesia de Antioquía. No olvidemos que este hombre se encontró con el mismísimo Jesucristo en persona camino a Damasco y fue el mismo Jesús quien lo llamó. Subió al tercer cielo y tuvo revelaciones de Dios como pocos. Tenía la autoridad de apóstol, es decir tenía ‘motivos’ suficientes para ‘creérsela’. Pero no fue así. Ni siquiera era el líder principal en Antioquía, simplemente un maestro. Aunque el Señor mismo le había dicho que sería misionero a los gentiles estuvo sujeto a la iglesia por más de 10 años antes de emprender su primer viaje y aun así esperó la orden del Espíritu Santo y la bendición de sus hermanos, Hechos 13:1-3. Cuando terminó su viaje misionero regresó a SU IGLESIA como muestra de sujeción: “… regresaron… a Antioquía… donde habían iniciado su viaje… Una vez que llegaron a Antioquía, reunieron a la iglesia y le informaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos… Y se quedaron allí con los creyentes por mucho tiempo”, Hechos 14:26-28 (NTV). Aunque había un llamado claro de Dios a ser misionero, él no salió hasta que Dios no se lo hizo saber a la iglesia donde él pertenecía. Pero su espera no fue de brazos cruzados. Mientras aguardaba el tiempo de Dios enseñaba y predicaba en la Iglesia de Antioquía. Eso es lo que sorprende. Aprendió a sujetarse a las autoridades espirituales de su iglesia. Aunque tenía ‘chapa’ de ser el más grande, nunca fue soberbio ni arrogante. Nunca compitiendo ni socavando la autoridad. Siempre cooperando para edificar el cuerpo de Cristo. Nunca mutilándolo, siempre edificándolo. Esa actitud supo conservarla aun cuando fue misionero. ¿Y cómo lo sabemos? Porque toda vez que salió volvió para dar informes y rendir cuentas a la iglesia a la que siempre había pertenecido, Hechos 14:26-28.

Dios y la iglesia son una misma cosa. Dios no hace nada sino a través de la Iglesia. El Espíritu Santo fue quien le dijo a la iglesia que separaran a Pablo y Bernabé. Fue la iglesia que después de muchos ayunos y oración impuso las manos encomendándolos a la obra misionera. “Entre los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía de Siria se encontraban Bernabé, Simeón…, Lucio…, Manaén… y Saulo. Cierto día, mientras estos hombres adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: “Consagren a Bernabé y a Saulo para el trabajo especial al cual los he llamado Hechos 13:1-3 (NTV). Ni Pablo ni Bernabé salieron sin la bendición de la iglesia. ¿Podrías esperar el tiempo de Dios para tu vida y ministerio? No puedes hacerlo en la carne. La única manera es estar sintonizado con Dios. ¿Tienes alguna promesa que Dios te ha hecho? ¿Una palabra que Dios te ha dado? Espera en Dios y espera a Dios. El tiempo de la espera es el más difícil y es allí donde muchas personas pierden sus milagros y malogran sus ministerios. No arruines los planes que Dios tiene para tu vida por querer adelantar el reloj a Dios. Sus tiempos no son los nuestros, LOS SUYOS SON MEJORES. Aprende a desarrollar paciencia mientras esperas el tiempo de Dios para el cumplimiento de sus propósitos y el llamado que haya puesto en tu vida.