Tengo fe pero... Dios no me escucha 11/09/2022 #1213

Episode 224,  Sep 11, 08:13 PM

 Pastor José Luis Cinalli
 11/9/2022
Tengo fe pero… Dios no me escucha

Dios le dijo a Moisés: _“… Te voy a enviar ante el faraón para que saques de Egipto a mi pueblo… *Yo estaré contigo*… Pero Moisés dijo: *—Por favor, Señor, manda a otro”*_, Éxodo 3:10 y 4:12-13 (PDT).

A menudo la fe sola no alcanza para que nuestras oraciones sean escuchadas. ¿Por qué? Porque la fe debe traducirse en obediencia: _“Dios no considera justos a los que oyen la ley *sino a los que la cumplen”*_, Romanos 2:13 (NVI). *Las bendiciones se reciben por medio de la fe, pero se conservan por medio de la obediencia.* Veamos un ejemplo. La tierra prometida era un regalo de Dios para su pueblo: _“Ha llegado el momento de… *entrar en la tierra que les doy*… desde el desierto… al sur, hasta las montañas del Líbano, al norte; desde el río Éufrates… hasta el mar Mediterráneo…”_, Josué 1:2-4 (NTV). Los límites asignados por Dios sobrepasaban en mucho a la heredad repartida, Josué 13 al 19. *Ellos poseyeron menos de lo que Dios les había prometido.* ¿Por qué? Porque les faltó fe. Dios les había dicho: _“Les entregaré… todo lugar que toquen sus pies”_, Josué 1:3 (NVI). Peor aún, lo poco que poseyeron luego lo perdieron por desobedientes, 2º Reyes 24:14. El paralítico de Betesda es otro ejemplo. Jesús fue muy claro con él. Le dijo que su sanidad estaba condicionada a su obediencia: _“… Mira,  has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”_, Juan 5:14. El principio espiritual es muy claro: *¡sin fe las bendiciones no llegan y sin obediencia las bendiciones se pierden!*

Moisés es otro ejemplo bíblico de alguien que perdió bendiciones por no obedecer. Dios se le apareció para confiarle la misión de liberar a su pueblo de la esclavitud egipcia, Éxodo 3:10. Es cierto que la misión era humanamente imposible, pero Dios prometía acompañarlo: _“Yo estaré contigo… Yo te ayudaré”_, Éxodo 4:12 (NTV y BAD). Cualquiera de nosotros se hubiera sentido honrado con la misión, pero Moisés no. Sin pensarlo rechazó el llamado por no sentirse capacitado. Y por supuesto que no lo estaba. Nadie está capacitado para llevar a cabo la obra que Dios le encomienda. Y, ¿sabes por qué? Porque *Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos:* _“… No somos capaces de hacer algo por nosotros mismos; *es Dios quien nos da la capacidad de hacerlo”*_, 2ª Corintios 3:5 (TLA) y 4:7. Debemos depender de Dios y de su gracia. Jesús dijo: _“… Separados de mí, no pueden hacer nada”_, Juan 15:5 (NTV). Nos parecemos mucho a Moisés. Aceptaríamos cualquier trabajo si creyéremos que estamos capacitados para realizarlo. Pero Dios no elige a nadie por sus capacidades, sino por su corazón y disposición. Ningún entrenamiento humano es suficiente para realizar la misión que Dios nos encarga. Lo único que necesitamos es a Dios, tal como se le prometía a Moisés aunque para él nunca fue suficiente. *¡Qué lento somos para aventurarnos en la misión encomendada desde lo alto, solamente confiados en Dios y en su Palabra!*

Moisés presentó mil excusas para rechazar la misión. La garantía infalible de que el Dios de los cielos estaría con él supliendo todas sus necesidades no era suficiente. Sin embargo cambió de opinión cuando se le prometió un compañero a su lado. El Dios Todopoderoso, creador y sustentador de todas las cosas no le bastaba, pero un simple y débil mortal como él sí. Ah, qué insensatos somos. La más débil caña visible a nuestro ojo suele ser un fundamento más sólido que confiar en la _“fortaleza de los siglos”_, Isaías 26:4. Preferimos cualquier arroyo humano o fuente rota antes que permanecer cerca de la _“fuente de agua viva”_, Jeremías 2:13. ¡Cuidado! Las falencias que tenemos para cumplir el ministerio no pueden ser suplidas por un ser humano. Además, cuando más débil nos sintamos más posibilidades de que Dios obre a nuestro favor. *Cuando Dios está con nosotros nuestras carencias son la ocasión para que Él despliegue su poder.* Pablo dijo: _“Tres veces he pedido a Dios que me devuelva la salud; y las tres veces me ha respondido: “No. *Estoy contigo y esto debe bastarte.* Mi poder se manifiesta más cuando la gente es débil”. Por eso de muy buena gana me jacto  de mis debilidades; gracias a ellas soy una demostración viviente del poder de Cristo… cuando soy débil, soy fuerte; y mientras menos tengo, más dependo de Él”_, 2ª Corintios 12:9-10 (NT-BAD). Piensa por un instante. La decisión de aceptar la voluntad de Dios catapultó a Pablo a la cima del ministerio. En cambio, la decisión de hacer las cosas a su manera hizo que el ministerio de Moisés no tuviera el brillo que Dios esperaba. Insistió tanto en tener un compañero a su lado que Dios se lo concedió. Y, ¿cuál fue el resultado de hacer las cosas fuera de la voluntad de Dios? Sufrimiento. Cuántos dolores de cabeza le daría Aarón, el mismo hombre que Moisés aceptó de buena gana para compartir el ministerio. La perseverancia es buena, pero insistir en pedir algo que Dios no quiere suele ser fatal. Y si no estás convencido observa lo que le sucedió a Israel: _“… Mi pueblo no quiso escuchar… no quiso que estuviera cerca. *Así que dejé que hicieran lo que quisieran, y vivieron como les dio la gana”*_, Salmos 81:11-12 (PDT). Estaban tan decididos en vivir a su manera que Dios les concedió el deseo. Y eso resultó en una tragedia nacional. *No existe peor cosa que Dios deje que caminemos a nuestro gusto, yendo camino al infierno en compañía de Satanás.*

Ya estamos en condiciones de extraer algunas enseñanzas espirituales:

-        *Rechazar el llamado de Dios es una señal de incredulidad.* Dios invitó a Moisés a ser el libertador de su pueblo, pero él repudió ese glorioso llamamiento porque no tuvo la fe suficiente y terminó viviendo por debajo de lo que se esperaba para él. Debió compartir el ministerio que Dios tenía solo para él.

-        *Dudar de las promesas de Dios es una gran ofensa.* Moisés enojó a Dios al rechazar la misión: _“Entonces el SEÑOR se enojó con Moisés y le dijo: —De acuerdo, *¿qué te parece tu hermano Aarón?… él habla muy bien…”*_, Éxodo 4:14 (NTV). Moisés quedó satisfecho cuando Dios le ofreció una compañía humana. ¿Tuvo más autoridad y poder espiritual con Aarón a su lado? Por supuesto que no. En la boca de su hermano no existía más virtud ni más poder. La gran diferencia era Dios, quién prometía acompañarlo para suplir todas sus carencias.  

-        *Confiar en Dios es mejor que confiar en los hombres.* _“Confía en Dios en todo momento… Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre”_, Salmo 62:8 (NTV) y 118:8.  La historia de Moisés es un espejo en el que se refleja nuestro corazón. *Estamos dispuestos a confiar en cualquier cosa menos en el Dios vivo.* Apoyados y protegidos por un mortal semejante a nosotros avanzamos atrevidamente sin temor alguno, pero temblamos y dudamos cuando solo tenemos la luz de la presencia del Maestro para animarnos y la fuerza de su brazo para sostenernos. Entiéndase bien, la compañía de un hermano es muy preciosa, ya sea para el trabajo, el descanso o el combate: _“Mejores son dos que uno”_, Eclesiastés 4:9. El mismo Señor envió a sus discípulos de dos en dos (Marcos 6:7). Sin embargo, la presencia de un ser humano carecerá de utilidad, si Dios no está con nosotros. Su presencia es insustituible. Y, para que aprendamos sujeción y dependencia el Señor suele dejarnos caminar una parte del camino solitos. Moisés no lo entendió. Marchó plenamente satisfecho a la misión porque Aarón lo acompañaba, pero fue él quien construyó el becerro de oro (Éxodo 32:21) arrastrando a toda la nación a la idolatría. Cuando Moisés golpeó la roca pecando contra Dios, Aarón no fue de ninguna ayuda, al contrario lo apoyó en su desatino. Aarón era una persona muy poco espiritual, una carga, un peso, una desgracia. *Con frecuencia la misma persona cuya compañía nos parecía necesaria para nuestro éxito y progreso, viene a ser luego un motivo de grandes disgustos para nuestros corazones.* ¿Y sabes por qué? Porque no aceptamos la voluntad de Dios para nuestras vidas. Al igual que Moisés perseveramos en seguir nuestro camino, el que nos lleva siempre al fracaso y sufrimiento. *¡Rendirnos a Dios y a su voluntad es la mejor decisión de la vida!*    

Para reflexionar. Moisés obtuvo menos de lo que Dios quería para él simplemente porque no tuvo fe. En primer lugar tuvo que compartir el ministerio y finalmente lo perdió por desobediente. Qué serio es este asunto. *¡Dudar o desconfiar de Dios y de sus promesas es tan malo como desobedecerlo!*