Cómo tomar decisiones sabias 6/10/2022 #1216J

Episode 231,   Oct 07, 2022, 01:02 PM

Pastor José Luis Cinalli
6/10/2022
Cómo tomar decisiones sabias

“… Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir…”, 1ª Pedro 2:21 (NTV).

No existe forma de complacer a Dios si no estamos dispuestos a hacer su voluntad, Lucas 22:42. Y hacer la voluntad de Dios muchas veces duele. La Biblia está plagada de ejemplos de personas que por obedecer a Dios tuvieron que sufrir. Pensemos en Oseas a quien Dios le pidió que se casara. El joven seguramente tenía algunas posibles candidatas en su mente, pero “Dios le dijo… ve y cásate con una prostituta…”, Oseas 1:2 (TLA). Pensemos en Noé quien por obedecer a Dios sufrió la burla y el desprecio por más de 120 años, Génesis 6. Pensemos en Pablo quien fue enviado a predicar la gracia de Dios al mundo, pero para eso tuvo que soportar la ira del mundo. Finalmente fue decapitado en Roma. Una cosa es cierta: ¡nadie puede ser útil para Dios si no está dispuesto a sufrir! Y esa disposición a padecer por Cristo reduce el número de soldados y deja a la tropa diezmada, como ocurrió con el ejército de Gedeón. La verdad es que no vale la pena servir a Cristo si no estamos dispuestos a terminar el camino con Él sin volvernos atrás.

A menudo el Señor nos pide algo que no nos gusta y debe ser hecho de inmediato, como le ocurrió a Abraham: “Toma ahora tu hijo… Isaac, a quien amas…” (Génesis 22:2); no el año que viene, ni el próximo mes, ni la semana siguiente sino AHORA. Este mandamiento le llegó de noche y “muy de mañana” (Génesis 22:3) salió camino del monte a cumplir su misión. ¿Cómo pudo hacer algo así? Porque ya había dispuesto en su corazón hacer la voluntad de Dios, cueste lo que cueste. A veces Dios hace cambios repentinos en nuestra vida personal. ¿Cómo recibirías la notificación de tu propia muerte como la recibió Moisés? Éste no tuvo la preparación gradual como sería una larga enfermedad, sino que recibió el aviso cuando todavía gozaba de perfecta salud: “Sube a este monte… y muere en el monte al cual subes”, Deuteronomio 32:49-50. Estos cambios repentinos también valen para la iglesia. Quizás ahora el gobierno nos sonría, pero de pronto nos frunce el ceño: “Las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria;…”, Hechos 9:31. Sin embargo, el tiempo de la bendición duró un suspiro: “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarlos”, Hechos 12:1. En aquella persecución, Jacob, hermano de Juan, murió a espada y Pedro fue encarcelado, Hechos 12:2-5. Los que antes tenían paz ahora estaban amenazados de muerte a cada paso. Deberíamos estar siempre en guardia, preparados y fortalecidos en Dios porque uno nunca sabe cuándo el día soleado dará lugar a una tormenta huracanada de problemas y dificultades.

El ejemplo supremo de alguien que sufrió por obedecer a Dios fue Jesús. ‘Bebió’ de la copa amarga del sufrimiento, dando su vida en la cruz para rescatar a la humanidad. ¿Qué hizo Jesús cuando tuvo que atravesar el momento más solitario de su vida? Fue al Getsemaní para hacerle preguntas a Dios. No está mal imitar su ejemplo. Jesús oró tantas veces como fuera necesario, a fin de conocer la bendita voluntad del Padre. Cuando Jesús ingresó al Getsemaní ‘la copa’ parecía ser algo dudoso, pero cuando se retiró del huerto estaba convencido acerca de la voluntad de Dios. Al ingresar dijo: “Si es posible pasa de mí esta copa”, Mateo 26:39. Sin embargo, cuando Pedro sacó la espada y cortó la oreja del siervo del sumo sacerdote, Jesús dijo: “Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?, Juan 18:11. El Maestro oró tres veces la misma oración. No se rindió hasta que encontró la respuesta. Y la perseverancia con la que Él buscó el conocimiento espiritual por medio de la oración debería ser nuestro ejemplo. Pero una vez que supo cuál era la voluntad de Dios, la hizo sin medir esfuerzos.

Todos necesitamos encontrar un Getsemaní, un refugio para hacer preguntas. ¿Has llegado a un estado en la vida ministerial, pastoral o laboral en la que necesitas un refugio donde derramar tu corazón? El sufrimiento por el que estás pasando podría ser un trato de Dios para que conozcas su voluntad. Esta crisis no será tu final. Aminora la marcha. Baja la velocidad. Lleva el asunto a Dios. Ora y ora todo el tiempo que necesites hasta que encuentres su voluntad. No te rindas hasta haber encontrado la respuesta a tu oración. Él te mostrará la estrategia para cambiar tu realidad adversa; Él te mostrará el camino a seguir. Y Él también te dará las fuerzas suficientes, si es que su voluntad incluye el sufrimiento.

Debes estar siempre atento a los cambios que de repente Dios pueda traer a tu vida. ¿Recuerdas a Juan Calvino? Aquel apasionado reformador del siglo XVI tuvo un cambio repentino de planes el día en que un hombre llamado Farel tocó la puerta de su casa y lo invitó a hacerse cargo de una iglesia en la ciudad de Ginebra. En los planes de Calvino no estaba la vida pública o el servicio activo. Él prefería el estudio de la Biblia y la vida contemplativa. Farel no aceptó su negativa y le dijo: “Si os negáis a dedicaros con nosotros al trabajo… Dios os condenará”. Las palabras del evangelista sacudieron a Calvino hasta la médula y sintió que Dios lo guiaba desde lo alto al servicio activo. Su decisión de obedecer a Dios haciendo algo que a Él no le gustaba lo catapultó a la cima del ministerio.

“Hace poco vi un programa de televisión con un artista muy popular en el ministerio cristiano para niños. El hombre había sido un actor famoso de Hollywood y ahora publica videos en los que interpreta a un héroe de acción que desenmascara a los villanos demoníacos y los vence. El entrevistador le preguntó si tenía un llamado de Dios a trabajar con los niños. Sin dudar contestó: “No”. Y rápidamente agregó: “no me malinterprete. Amo a los niños. Jesús los ama. Pero no creo que a Dios le interesen nuestros gustos o deseos. La Biblia dice claramente que no hay nada bueno en el corazón del hombre. A Dios le interesa más nuestra obediencia que lo que nos gusta hacer. La pregunta siempre es: ¿haremos lo que Él desea? O, ¿reflejaremos lo que Él tiene en su corazón? Si hubiera sido mi deseo hacer un determinado ministerio y le hubiera dicho que no a Dios, entonces hubiera ocupado un lugar secundario durante toda mi vida”. La respuesta es bíblica y desarma una doctrina tan popular como pervertida, que exalta el deseo personal. ¡Lo que Dios busca es nuestra vida y lo que espera de nosotros es obediencia! Cuando somos obedientes y hacemos lo que Él nos pide, entonces su deseo se funde con el nuestro. La obediencia produce una vida de sumisión, una vida que dice: “Dios, el que importa aquí eres tú, no yo”.1

¿Deseas ser una persona bendecida? ¿Aspiras a ser un instrumento poderoso en las manos de Dios? Deberás estar dispuesto a hacer Su voluntad, aunque no te guste. Y no lo veas como algo malo. El sufrimiento que proviene de la obediencia a Dios es bendición: “… Es posible que sufran por hacer el bien. Si eso sucede… ¡están bendecidos!... son afortunados… Dios los bendecirá”, 1ª Pedro 3:14 (PDT, DA, TLA).  

Rescatemos cuatro lecciones de la experiencia de Jesús en el Getsemaní:
1) Estar cerca de Dios no quita la probabilidad de sentir dolor. La voluntad de Dios puede incluir dolor, dificultad y hasta tragedia.
2) Cuando estemos en medio del dolor aprovechemos la amistad de personas espirituales y amigas. Jesús llevó a sus íntimos al Getsemaní.
3) En los momentos de agonía los recursos más útiles son la Palabra y la oración. En el huerto, Jesús oró tres veces. En el desierto utilizó la Palabra tres veces para librarse de los ataques satánicos.
4) Oremos no para cambiar la voluntad de Dios sino para ser cambiados nosotros mismos. Las oraciones de Jesús en el huerto no pretendían cambiar los planes del Padre sino alinearse con la voluntad del Padre. La oración no es el motor que cambia lo que Dios pretende hacer para que haga lo que nosotros queremos hacer. La oración está dirigida a Dios para que nos cambie a nosotros y terminemos aceptando Su voluntad soberana; es decir, lo que Dios quiere que hagamos.

La vida cristiana no se trata de muchas decisiones sino de una: ¡vivir para Cristo! Permítele a Dios que cambie tu corazón para aceptar Su voluntad, la cual te traerá libertad y bendición permanente.