La responsabilidad de un líder ungido: ¡administrar la obra de Dios! 13/10/2022 #1217J

Episode 233,   Oct 17, 2022, 12:53 AM

Pastor José Luis Cinalli
13/10/2022

La responsabilidad de un líder ungido: ¡administrar la obra de Dios!

Cuiden… de las personas que Dios dejó a su cargo, pues ellas pertenecen a Dios. Cuídenlas, como cuida el pastor a sus ovejas. Háganlo por el gusto de servir, que es lo que a Dios le agrada, y no por obligación ni para ganar dinero. No traten a los que Dios les encargó como si ustedes fueran sus amos; más bien, procuren ser un ejemplo para ellos. Así, cuando regrese Cristo, que es el Pastor principal, ustedes recibirán un maravilloso premio que durará para siempre”, 1ª Pedro 5:2-4 (TLA).

Dios puso a Saúl en el trono de Israel y Dios fue quien lo sacó de allí: “… Tu reinado no continuará… Como no obedeciste… el Señor… nombrará un nuevo líder”, 1º Samuel 13:14 (PDT). La desobediencia es costosa. Dejó a Saúl sin ministerio y, además, le acortó la vida: Dios le quitó la vida a Saúl porque no obedeció sus mandamientos”, 1º Crónicas 10:13 (TLA). Saúl había sido elegido para cuidar el pueblo del Señor (1º Samuel 15:1) pero como no lo hizo se le quitó el liderazgo. Cuando Dios quiere premiar a una persona por un buen trabajo, generalmente le da más trabajo. Jesús dijo: “… Has sido fiel en administrar… te daré muchas más responsabilidades… Voy a encargarte cosas más importantes, Mateo 25:23 (NTV, TLA). El administrador fiel es honrado con mayores responsabilidades. En cambio, el administrador infiel es castigado. En primer lugar pierde la responsabilidad que se le confirió: “Quítenle el talento…”, Mateo 25:28 (DA). Y, finalmente, pierde la luz de la presencia divina: “Al siervo inútil arrójenlo a las tinieblas de afuera. Allí será su llanto y el crujir de dientes”, Mateo 25:30 (SyEspañol). ¡Qué escenario tan horrible les espera a los malos administradores! El que administra mal pierde la confianza de Dios y pasa a hacer ‘banco’. En cambio, al que administra bien Dios le confía su mayor tesoro: “su más preciada posesión… la niña de sus ojos”, Zacarías 2:8 (NTV, RV60). No existe un ejemplo más claro que el de David. Demostró ser un buen administrador cuidando las ovejas de su padre y, como resultado Dios lo puso a pastorear su propio rebaño.

¿Cuál fue el pecado de Saúl? Hacer la voluntad del pueblo y no la de Dios. Su interés no era agradar a aquel que representaba sino a la gente que lideraba: Tuve miedo del pueblo y por eso hice lo que ellos me pidieron… Samuel respondió: — Ya que tú rechazaste el mandato del SEÑOR, él te ha rechazado como rey de Israel… Entonces Saúl volvió a implorar: —… al menos te ruego que me honres ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel…”, 1º Samuel 15:24-30 (NTV). Saúl recibe una profecía aterradora y en lugar de caer de rodillas y confesar su pecado, le pide a Samuel que lo trate delante del pueblo como si nada hubiera sucedido. Saúl no tiene ningún interés en recuperar la confianza de Dios. Lo único que le preocupa es que su imagen no sea dañada. Existen personas que “¡aman más el aplauso de los hombres que el aplauso de Dios!”, Juan 12:43 (NT-BAD). “No les importa la honra que proviene de… Dios”, Juan 5:44 (NTV). Jesús nunca hizo algo para agradar a la gente ni dejó de hacer algo por temor de la gente. Saúl sí. Buscó agradar al pueblo y perdió la confianza de Dios: “Si tienes miedo de la gente, tú mismo te tiendes una trampa…”, Proverbios 29:25 (TLA). La versión Septuaginta dice que algunos “temiendo a… los hombres, han sido suplantados…”. Ese fue el caso de Saúl. Dios quitó a Saúl y lo reemplazó con David…, Hechos 13:22 (NTV). Sigamos el ejemplo de Jesús quien dijo: “La aprobación o desaprobación de ustedes no me significa nada”, Juan 5:41 (NT-BAD). Pablo expresó: “No ando buscando que la gente apruebe lo que digo. Ni ando buscando quedar bien con nadie. Si así lo hiciera, ya no sería… un servidor de Cristo. ¡Para mí, lo importante es que Dios me apruebe!, Gálatas 1:10 (TLA). “Nuestro único propósito es agradar a Dios…”, 2ª Corintios 5:9 (PDT). No sirvamos esperando el reconocimiento o la admiración de la gente. No esperemos aplausos, agradecimiento público o un cargo por nuestro servicio. Sirvamos solo por amor a Dios. Cuando las multitudes lo seguían, es probable que una larga fila de personas esperara la posibilidad de acompañar a Jesús en su ministerio público. ¿Pero cuántas habrán estado a las puertas de su carpintería esperando servirlo como aprendices? 

Saúl tenía la responsabilidad de representar a Dios delante del pueblo. Debía acercarlos a Dios. Pero Saúl prefirió agradar al pueblo en lugar de agradar a Dios. El líder que busca la gloria para sí roba la gloria que le pertenece solamente a Dios. Saúl olvidó que la autoridad que tenía no era suya. Era autoridad delegada. La iglesia es del Señor y sus líderes son simplemente administradores que rinden cuentas: “… Su tarea es cuidar el alma de ustedes y tienen que rendir cuentas a Dios…”, Hebreos 13:17 (NTV). Los líderes no son más que nadie; al contrario, son más responsables por la autoridad y la confianza que Dios depositó en ellos. Por lo tanto, deben ser dignos de esa confianza: “Si estás en una posición de liderazgo, dirige con diligencia y celo”, Romanos 12:8 (DA). Los líderes deberían ser para la gente lo que el eunuco personal del rey fue para Ester. El eunuco del rey estaba puesto para cuidar de las esposas del rey, no para aprovecharse de ellas. No podemos aprovecharnos o beneficiarnos de la iglesia del Señor. Nos aprovechamos cuando vivimos de la admiración que nos brinda o somos adictos a su atención. Queremos que nos aplaudan y nos recuerden. ¡Si tú compites con Dios por la atención de la novia pierdes su confianza! No busques nada de la novia, todo lo que necesitas lo obtienes de Dios. No permitas que la novia ponga demasiado tiempo sus ojos en ti. Desvía la atención de la iglesia hacia Cristo. No seas un adicto a la aprobación de la gente. Busca la “fama” pero sólo en el cielo; busca la aprobación pero sólo la que viene de Dios. Hay líderes que dicen: “esas son mis ovejas”. San Agustín dijo: “¡qué dices! ¿Mis ovejas? Si decimos mis ovejas Cristo perdió las suyas y terminamos hurtando lo que le pertenece a Dios”. No le robes las ovejas al Señor, no son tuyas, SON DE DIOS.

Saúl ofendió a Dios al agradar a su pueblo. Perdió la confianza de quien representaba y atrajo la maldición sobre sí mismo y su familia. Sus hijos fueron entregados a la muerte para restituir lo que le había hecho a los gabaonitas, 2º Samuel 21:6-8. Lo que los líderes de una iglesia hacen afecta directamente a la gente que pastorean. Al pecar el líder abre una puerta espiritual de maldición para su familia y para las personas que están bajo su autoridad. Cuando Coré se rebeló contra la autoridad de Moisés no lo hizo solo, sino que 250 líderes lo siguieron y fueron destruidos de la misma manera: “...La tierra se abrió debajo de ellos... y se los tragó, a ellos y a sus familias..., Números 16:31-32 (NVI). Al perder la confianza de Dios Saúl fue reemplazado por David: “… El Señor te ha quitado el reino de Israel. Se lo ha dado a uno… que es mejor que tú”, 1º Samuel 15:28 (NTV). Dios se buscó un mejor pastor: “… Yo te saqué del redil para que, en vez de cuidar ovejas, gobernaras a mi pueblo Israel… Tú serás el pastor de mi pueblo…”, 2º Samuel 7:8 (BAD) y 5:2 (NTV). David cuidaba las ovejas de su padre como si fueran propias. Arriesgaba la vida por ellas. Una vez se enfrentó a un oso y en otra ocasión a un león. Evidentemente era un buen candidato a reemplazar a Saúl en su cargo de pastor del rebaño del Señor. Dios “eligió a David… sacándolo de entre los rebaños de ovejas… lo llamó para que fuera pastor de… su pueblo… Israel, su herencia… Y David cuidó del pueblo de Dios; los cuidó y los dirigió con mano hábil y corazón sincero, Salmo 78:70-72 (LPD, DHH). David fue un buen pastor. Y un buen pastor no les da a las ovejas lo que ellas quieren sino lo que necesitan. Y solo Dios sabe lo que necesitan. Por eso el líder debe escuchar, obedecer y nunca jamás dejar de cumplir la voluntad de Dios. Solo así podrá ser el líder que su pueblo necesita. ¿Y cómo sabemos la voluntad de Dios? Solo conoce la voluntad de Dios quien tiene interés en ella. ¡Dios revela su voluntad a aquellos que tengan oídos para escucharlo!

Una reflexión final. David conquistó el corazón de Dios: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón”, 1º Samuel 13:14. David llamó la atención de Dios. ¿Cómo? Pastoreando ovejas que no eran suyas, pero que las cuidaba con responsabilidad. Lo que David hizo en lo secreto le valió para ser recompensado como el rey de toda una nación. David se ganó la confianza de Dios en el anonimato, cuando nadie más le veía. David desarrolló carácter en el desierto y la unción le vino para ser rey. ¿Cuándo conquistó Jesús el corazón de Dios? Antes de su ministerio público. El día en que Jesús se bautizó el Padre dijo: “Este es mi hijo, yo lo amo mucho y estoy muy contento con él”, Mateo 3:17 (TLA). Jesús vivió de tal manera que hizo de su vida el sitio de la presencia de Dios. Conquistó el corazón del Padre mientras se preparaba en la carpintería.

¿Cómo estás aprovechando tu tiempo mientras esperas tu momento? Recuerda: ¡es más importante el tiempo de preparación que el tiempo de popularidad!