Solo Dios da vida a lo que está muerto 23/4/2023 #1245

Episode 266,   Apr 23, 2023, 08:28 PM

Pastor José Luis Cinalli
23/4/2023
Solo Dios da vida a lo que está muerto

“Después de esto, Dios se le apareció a Abram en una visión, y le dijo… yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”, Génesis 15:1 (TLA, RV60).

Fortalecido por la bendición de Melquisedec Abram rechazó la oferta de ser protegido y enriquecido por el rey de Sodoma. ¿Sufrió alguna pérdida? Claro que no. Abram no perdió en su decisión de confiar en Dios. Comprobarás que… los que confían en mí no serán defraudados, Isaías 49:23 (PDT); Isaías 64:4; Romanos 9:33; Romanos 10:11; Salmo 25:3. Sacrificarse por causa de Dios no fue una pérdida para Abram. Muy por el contrario. Dios se le apareció para decirle: “Yo te protegeré, y… voy a darte muchas riquezas”, Génesis 15:1 (NTV, TLA). Ponerse bajo la protección del Señor valía infinitamente más que refugiarse bajo el amparo del rey de Sodoma. Además, las riquezas que había rechazado ahora Dios se las daba multiplicadas. Dios era “su escudo” (Génesis 15:1) para que se apoyara en Él y su “galardón” (Génesis 15:1) para que prosperara con Él. Así sucede con todo aquel que sigue su ejemplo. “… Él es escudo para todos los que buscan su protección, 2º Samuel 22:31 (NTV). “... Dios… cabalga por el firmamento para ir en tu ayuda… El Dios eterno es tu refugio, y sus brazos eternos te sostienen… Él es tu escudo protector y tu espada triunfante…”, Deuteronomio 33:26-29 (NTV); Salmo 121:5. “El Señor te protege de todo peligro; él protege tu vida. El Señor te protege en todos tus caminos, ahora y siempre”, Salmo 121:7-8 (DHH). “… Peleará contra ti, pero te aseguro que no te podrán vencer, porque yo estaré a tu lado para cuidarte, Jeremías 1:19 (TLA). ¡No existe dardo del enemigo que penetre el escudo que protege al más débil creyente en Cristo!

Reflexionemos ahora en la promesa que Dios le hizo a Abram: “Yo soy tu escudo y tu galardón”, Génesis 15:1. La recompensa por confiar en Dios no fue solo material sino que “El SEÑOR le dijo… tendrás un hijo propio, quien será tu heredero”, Génesis 15:4 (NTV). ¿Dónde está el heredero? El cuerpo de Abram, como el vientre de Sara contestan: ¡muerte! Pero Jehová es Dios de la resurrección. Un cuerpo muerto es la ocasión propicia para que Dios despliegue todo su poder. Por eso Dios le dijo a Abram: “… Mira al cielo y, si puedes, cuenta las estrellas. ¡Ese es el número de descendientes que tendrás!”, Génesis 15:5 (NTV). No existe límite al poder de Dios y no existe límites a sus bendiciones. El que prometió que la recompensa sería grande ahora llenaba los ojos de Abram con una visión de un futuro glorioso. Naciones nacerían de él y uno de esos descendientes sería “la estrella resplandeciente de la mañana”, Apocalipsis 22:16. Nada es imposible para el que puede dar vida a los muertos.

“Abram creyó al SEÑOR, y el SEÑOR lo consideró justo debido a su fe”, Génesis 15:6 (NTV). Abram no ignoró los hechos, él era anciano y su esposa estéril. La razón humana no permitía albergar esperanza, pero él confió: “... Abraham esperó con paciencia y recibió lo que Dios le había prometido”, Hebreos 6:15 (NTV). En ocasiones la mayor tentación del creyente no es la incredulidad sino las dudas de los demás. ¿Por qué crees que Elisabet se escondió durante cinco meses cuando supo que estaba embarazada (Lucas 1:24)? Porque ella debía proteger el milagro que llevaba dentro. Ella debía fortalecer su fe y contrarrestar las bien intencionadas maldiciones que la gente podría formular. Algunas palabras tienen el potencial de robarnos un milagro en gestación. ¿Por qué permites que llenen tu cabeza de cosas negativas? Hay momentos que como Elisabet deberíamos aislarnos y guardarnos de tanta basura, crítica y noticias negativas que lo único que hacen es deprimirnos espiritualmente. Ciertas personas son agentes del infierno para robarnos los milagros y apagarnos la fe. No te dejes hundir por la depresión de los que te rodean. No permitas que los críticos, envidiosos, incrédulos, cínicos o los hijos del diablo te roben tu propósito o tu milagro. No ignores la habilidad que tiene Dios para transformar cualquier realidad, por más adversa que sea.  Jesús dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”, Marcos 9:23. Rodearse de personas negativas y pesimistas es insalubre y siempre trae malos resultados.

¿Recuerdas la historia de Jairo, Marcos 5:21-43? Su hija estaba gravemente enferma. Mientras Jesús iba a su casa para sanarla se acercaron algunos emisarios para decirle que su hija había muerto. “Pero Jesús, sin hacer caso de aquellas palabras, dijo…: “No tengas miedo. ¡Solo ten fe!”, Marcos 5:36 (BLPH). Aquí radica el principio para ver lo imposible. Si no quieres perder tu milagro deja de escuchar a los mensajeros del desaliento. ¡Ignóralos! No escuches a quienes dicen que es demasiado tarde para volver a empezar. No le des importancia a los que dicen que no llegarás a nada. La fe comienza cuando nos metemos algodón en los oídos. En lugar de escuchar a personas incrédulas, escucha a Dios quien te dice: “¡Solo ten fe!”. Si Jairo hubiera escuchado a la gente se hubiera perdido el milagro de su hija. Lo mismo le sucedió a Abram. La fe crece, se sustenta y se sostiene en Dios y en sus promesas. Créele a Dios. Ten la confianza de que sus promesas se cumplirán. Vivir por fe y no por vista, no es algo que ocurra naturalmente en nosotros. Quizás ese sea el motivo por el que Jesús resucitó la hija de Jairo. No fue por el bien de la niña, ya que ella estaba mejor en el cielo. Lo hizo por el bien de su padre y el de nosotros. ¡El cielo siempre responde cuando nosotros confiamos en Dios!

No existe nada en este mundo que le agrade tanto a Dios como la fe. Cuando “Abraham creyó en Dios… el Señor le dio el título de ‘amigo de Dios’, Santiago 2:23 (NT-BAD). La expresión “amigo de Dios” se registra en 2º Crónicas 20:7 e Isaías 41:8. En ambos casos la expresión está puesta en boca de Dios. La expresión amigo podría traducirse como “amado de Dios”, “aprobado por Dios” o “miembro de la familia de Dios”. Cualquiera de estos calificativos honra a Abram y, a cualquiera que como él sustente su vida en la fe a Dios. No pierdas la fe. Posiblemente tengas un hijo perdido. ¡Dios puede traerlo de regreso! Quizás pienses que tu matrimonio esté más allá de toda posibilidad o tu salud ya no tiene solución, pero si confías en Dios todo comenzará a ser diferente. El vientre de Sara estaba muerto, pero Dios le dio vida. Y lo mismo podría suceder contigo, con tu salud, con tu familia y con tu ministerio. Lo que está muerto volverá a la vida. Lo que esté perdido será encontrado. Imita la fe del padre de la fe. Créele a Dios y tu recompensa, como la de él, será igualmente grande.

Abram le creyó a Dios y su recompensa fue grande: “Afortunado el que mantiene la fe... porque Dios le dará un premio...”, Santiago 1:12 (PDT). Abram no solo conservó las riquezas que tenía sino que Dios prometía darle más. Y vaya que multiplicó su herencia. La persona que se decide por Dios recibe bendiciones y las bendiciones se multiplican: a la revelación le siguen nuevas revelaciones; a la unción más unción. ¡Qué generoso es nuestro Dios: tenemos, pero promete proveernos más! Cuando Dios ama, ama al mundo entero. Cuando da, da a su único hijo, Juan 3:16. Cuando perdona, perdona abundantemente y olvida, Isaías 55:7; Miqueas 7:18-19. Cuando intercede, lo hace para siempre (Hebreos 7:25) y cuando bendice, nos sigue bendiciendo. En otras palabras, cuando da, da y vuelve a dar. Cuando Salomón pidió sabiduría Dios le añadió además riquezas y una larga vida. Zacarías pidió un hijo y Dios le regaló el más grande de todos los profetas. Abraham pidió un heredero y Dios le dio una gran nación. Dios no solo perdona nuestros pecados sino que nos adopta como sus hijos y nos concede paz, gozo, seguridad, libertad y acceso a su presencia. Nos hace más que vencedores. ¿Te parece poco? ¡Para los que creen toda bendición es garantía de mayores bendiciones!   

Fe es creer en Dios y en que Él cumple lo que promete. Dios le prometió a Abraham ser padre de naciones cuando todavía no tenía hijos (Génesis 17:4), y él le creyó: “... Aunque Abraham tenía casi cien años… nunca dejó de confiar en Diosnunca dudó de que Dios cumpliría su promesaAbraham estaba completamente seguro de que Dios tenía poder para cumplir su promesa…, Romanos 4:19-21 (TLA). Abraham no ignoraba ni negaba la realidad. Era viejo y su esposa estéril. Sin embargo, creyó que Dios podía hacer posible lo imposible. ¡Y lo hizo! Porque para Dios no existe cosa difícil. Abraham tenía una promesa, pero más que eso tenía a Dios. Y Dios siempre es fiel en cumplir su palabra. Quita la mirada de todo aquello que estorbe tu fe. No mires hacia abajo pensando en tus debilidades. No mires al costado temiendo a los gigantes que te rodean. No mires hacia atrás reviviendo el pasado sembrado de fracasos. Mira hacia el cielo, mira a Cristo “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”, 2ª Corintios 1:20.