Preparados para la cosecha - 01/02/2026 - #1389

Episode 414,   Feb 01, 09:06 PM

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Pra. Nancy Mocek
 01/02/2026

Preparados para la cosecha

“Ustedes conocen el dicho: “Hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha”, pero yo les digo: despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listospara la cosecha.” Juan 4:35 (NTV)

La expresión “hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha” que utilizó Jesús al dirigirse a sus discípulos era un proverbio que expresaba la idea de que no hay prisa en realizar determinada tarea porque las cosas simplemente toman tiempo y uno no puede evitar la espera. Jesús no quería que sus discípulos tuvieran esta mentalidad terrenal. Lo que Jesús buscaba era que ellos pensaran y actuaran como si la cosecha ya estuviera lista. Jesús utilizó la idea de la cosecha para comunicar una enseñanza espiritual. Después de que Jesús ministró a la mujer samaritana en el pozo de Jacob, la gente del pueblo escuchó su increíble testimonio de salvación y comenzó a salir en masa para investigar sus afirmaciones sobre Jesús. Mientras tanto, los discípulos estaban preocupados por el estado físico del Señor, pensando que debía estar cansado y con hambre. Jesús les dijo que servir al Padre cumpliendo Su misión era más satisfactorio que la comida física. En ese contexto Jesús les habla sobre la cosecha. Los discípulos no estaban viendo el plano espiritual. Ellos estaban preocupados por las necesidades terrenales. Jesús miraba la necesidad espiritual de las personas. El tiempo de la siega podría haber estado a cuatro meses de distancia en el mundo natural, pero el momento de la cosecha espiritual ya había llegado. Estas palabras de Jesús a sus discípulos continúan hoy vigentes para la iglesia: “despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listospara la cosecha.” La cosecha consiste en alcanzar a las personas con el evangelio de la gracia para que conozcan el amor y el perdón de Dios

La pregunta que me propongo responder es: ¿cómo se prepara la iglesia para la cosecha?

1.      Servicio en unidad: “Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento… El que siembra y el que riega están al mismo nivel, aunque cada uno será recompensado según su propio trabajo. En efecto, nosotros somos colaboradores al servicio de Dios”.1 Corintios 3:6 (NVI)

Durante mi niñez viví en el campo. Mi papá era agricultor. Tengo algunos recuerdos acerca de cómo se desarrollaba una temporada de siembra y cosecha. Sin pretender realizar una enumeración técnica de las diferentes etapas, puedo decir con certeza que la cosecha es el punto culmine de un proceso. Ese proceso consiste en: 1) Preparar la tierra, 2) Sembrar la semilla, 3) Esperar con paciencia la lluvia, 4) Utilizar fertilizantes para aumentar el crecimiento y mejorar la calidad de los cultivos; 5) Aplicar diferentes productos para erradicar plagas y malezas; 6) Cosechar. Es imposible que una sola persona lleve a cabo todo este proceso. Jesús dijo: “Porque como ciertamente dice el refrán: “Uno es el que siembra y otro el que cosecha” Juan 4:37 (NVI). Para obtener una gran cosecha es necesario sembrar la semilla, pero no es suficiente. Dios nos escogió para que seamos sus colaboradores y nos ha asignado un lugar y una función específica en el Cuerpo de Cristo que es la iglesia. Piensa en el lugar donde estás sirviendo a Dios. Cada cristiano ha recibido dones y capacidades para servir a otros. (1 Corintios 12:4-7; 1 Pedro 4:10). Si dejas de servir, privas a los demás de ser bendecidos y edificados. Hagas lo que hagas, sea una tarea visible o no, desarrolla fielmente tu servicio para Dios. No caigas en la trampa de creer que es lo mismo servir que no servir. Cuando una persona deja de cumplir su asignación o lo hace en el lugar incorrecto, provoca el atraso o peor aún la pérdida de la cosecha, y de eso tendremos que rendir cuentas. Dios está interesado en la cosecha porque “los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna” Juan 4:36, y el anhelo del corazón de Dios es que todos experimenten la vida abundante y eterna que solo se obtiene en Cristo.

Pensaba en lo que sucedió con esa mujer que tenía la decisión tomada de quitarse la vida, pero en un semáforo alguien que estaba en el lugar y momento que el cielo había determinado en ese día, le dio una invitación para un evento evangelístico de la casa de oración. La fidelidad de una persona cambió el destino de otra: pudo tener un encuentro con Dios y recibir salvación, libertad y propósito. ¿Qué hubiese pasado si la persona que le entregó la invitación no hubiera estado ese día en ese lugar?

El pensamiento que algunas personas tienen es: “nadie es indispensable”, utilizando ese argumento como justificación para no comprometerse con lo que Dios les encomendó hacer. No nos corresponde a nosotros evaluar si somos o no indispensables, tenemos un deber de fidelidad hacia quien nos llamó a ser colaboradores en su obra. El pasaje de 1 Corintios 3:6 dice que Dios da el crecimiento. ¿Cuándo? Luego de que uno sembró y otro regó. El apóstol Pablo tenía muy en claro que la cosecha solamente es posible si todos juntos, en perfecta unidad, trabajamos para levantarla. Si no lo hacemos en unidad será imposible levantar la cosecha. La unidad no surge naturalmente, es necesario buscarla y cuidarla. Por eso, reiteradamente en la Biblia, sobre todo en las cartas del apóstol Pablo dirigidas a la iglesia, encontramos a modo de exhortación la siguiente frase: “unos a otros”, y menciona los mandatos de los “no hagan” y de los “sí hagan”. ¿Qué debemos hacer? Amarnos (Romanos 12:10); amonestarnos (Romanos 15:14), servirnos (Gálatas 5:13), llevar las cargas (Gálatas 6:2); soportarnos con paciencia (Efesios 4:2); ser benignos y misericordiosos, perdonarnos (Efesios 4:32), alentarnos y animarnos (1 Tesalonicenses 5:11). ¿Qué no debemos hacer? tener envidia (Gálatas 5:26), mentir (Colosenses 3:9), pagar mal por mal (1 Tesalonicenses 5:15), murmurar (Santiago 4:11), quejarse (Santiago 5:9). La unidad entre los creyentes es costosa pero imprescindible para levantar la gran cosecha. La unidad en el hogar, en la iglesia, en las casas de oración, es la consecuencia de la unidad de cada uno de sus miembros con Dios. ¿Anhelas experimentar esa unidad?, mantente unido a Cristo y rinde tus derechos a Él. Busca la paz, defiende la unidad. 

2. Adoración en comunidad: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre”. Hechos 15:16-17

David fue un adorador apasionado. Levantó una tienda, un tabernáculo en el cual depositó el Arca de la presencia de Dios. El día en que David trasladó el Arca desde Gabaón hasta Jerusalén para colocarla en esa modesta tienda que había levantado, elevó un cántico de agradecimiento y de alabanza al Señor que está registrado en 1 Crónicas 16:8-36. Hay en este breve cántico por lo menos diez referencias a las naciones, los pueblos, el mundo o la tierra, los cuales son impactados como resultado de la adoración. “¡Que toda la tierra cante al Señor! Cada día anuncien las buenas noticias de que él salva. Publiquen sus gloriosas obras entre las naciones; cuéntenles a todas las cosas asombrosas que él hace.  ¡Grande es el Señor! ¡Es el más digno de alabanza! …Oh naciones del mundo, reconozcan al Señor; reconozcan que el Señor es fuerte y glorioso… ¡Que los cielos se alegren, y la tierra se goce!  Digan a todas las naciones: «¡El Señor reina!».” 1 Crónicas 16:23-31. Hay una conexión entre la restauración de los últimos días del Tabernáculo de David, que representa la adoración incesante a Dios, y la cosecha final de todos los que han de ser salvos para Dios. La iglesia tiene la misión de alcanzar a los perdidos, de rescatar las almas de la oscuridad y traerlas al bendito Reino del Señor, colaborando con la búsqueda incansable del Padre (Juan 4:23), ayudando a movilizar a los adoradores redimidos, por millones, de toda tribu, lengua, pueblo y nación que serán añadidos a esa multitud impresionante de adoradores eternos que el apóstol Juan menciona en Apocalipsis 7:9 y que ningún hombre puede contar ¡Qué gloriosa tarea! 


Uno de los aspectos sobresalientes del tabernáculo de David era la adoración 24/7, ininterrumpida y apasionada. Además, no existía separación alguna entre las personas y la presencia de Dios. David, seguramente contemplando esa modesta carpa que albergaba el arca de la presencia de Dios, expresó: “Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.” Salmo 22:3. De la misma manera, Dios habita en medio de las alabanzas de la iglesia. La presencia de Dios se manifiesta en la comunión. La iglesia, debe ser primero y principalmente un lugar donde se adora a Dios. La adoración es la respuesta natural de los que reconocen quién es Dios y lo que Él ha hecho por ellos. Cuando la iglesia se une en adoración al Señor, significa mucho más que cantar canciones, es declarar quién es Él y dar a conocer a todo el mundo que Dios salva, sana, libera y restaura. Si bien la adoración no es una actividad musical, Dios se deleita cuando la iglesia eleva cánticos a Él, utilizando instrumentos musicales. Recordemos que David contaba con 4000 músicos y 288 cantores, que adoraban continua y apasionadamente en ese tabernáculo y eso agradaba a Dios. 

La adoración no es algo que ocurre dentro de las cuatro paredes de un templo. Creer eso es ignorar la magnitud espiritual de la adoración congregacional. Miremos a Pablo y Silas encerrados en la cárcel, aislados completamente del mundo exterior. Sin embargo, su adoración trascendió el plano físico provocando la salvación del carcelero y de toda su familia (que obviamente no estaban en ese lugar) y la liberación de todos los presos. La adoración que la iglesia rinde a Dios cada vez que se reúne prepara el mundo espiritual para levantar una gran cosecha de almas, haciendo retroceder las tinieblas, y provocando que el Reino de los cielos se establezca en todo lugar.  Cuando te unes a la adoración en la iglesia Dios obra a favor de tu familia.

3. Llenura del Espíritu Santo corporativa:Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.” Hechos 1:8 (NTV). La iglesia no podrá levantar esa gran cosecha a menos que sea llena del poder del Espíritu Santo. No es opcional. La palabra de Dios nos ordena a ser llenos del Espíritu Santo (Efesios 5:18). Es nuestra responsabilidad cada día buscar a Dios individualmente pero también corporativamente. “Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40:30-31. No podremos evitar fatigarnos y cansarnos, es parte de nuestra condición humana, pero sí podemos evitar debilitarnos espiritualmente y convertirnos en presa fácil para el enemigo ¿Cómo? Buscando continuamente al Señor, cultivando cada día la amistad con el Espíritu Santo y siendo llenos del Él. Vemos en el libro de los Hechos que la iglesia tuvo la maravillosa experiencia comunitaria de recibir al Espíritu Santo. Experimentaron un gran avivamiento. Todo lo que está registrado en el libro de los Hechos tiene que ver con la manifestación del Espíritu Santo a través de los creyentes. Multitudes arrepintiéndose de sus pecados y volviéndose a Dios. Los líderes no tomaban decisiones sin consultar al Espíritu Santo, dependían únicamente de la voz del Espíritu Santo. 


No hay atajos. Si queremos ver el poder de Dios transformando nuestras familias, nuestra ciudad, provincia, nación y naciones del mundo, necesitamos el poder del Espíritu Santo. Si anhelas vivir en lo sobrenatural, necesitas al Espíritu Santo. Si quieres experimentar libertad, sanidad, restauración en tu vida o en tu casa, necesitas al Espíritu Santo. La pregunta es: ¿tienes al Espíritu Santo en tu vida? Si la respuesta es no, hoy es la oportunidad de abrir tu corazón y permitirle entrar. Si la respuesta es sí, cultiva cada día tu amistad con Él rindiéndote por completo a su voluntad. 

“A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha!” Juan 4:37 (NTV)

Un colaborador de Dios, tanto el que siembra, como el que riega y también el que cosecha, reciben una gran recompensa: ¡un corazón lleno de alegría!