¿Conquistador o desertor? - 08/02/2026 - #1390

Episode 415,   Feb 08, 11:22 PM

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08-02-2026
 Pr. Alejandro Michalec
 

 ¿Conquistador o desertor?

Hoy voy a hablar de una persona muy especial, temperamental, impulsivo, arrebatado, pero a la vez cautivante, consagrado, que lo dejó todo, todo lo que tenía, todo lo que hacía, por seguir a Cristo. ¿Si se equivocó? ¡Miles de veces! ¿Si le fallo al Señor? Otras tantas más. ¿Si actuó de manera equivocada? En múltiples situaciones. Pero pese a todo, Dios lo rescata, lo perdona, lo restaura y lo usa de una manera increíble.

Lucas 22:31-34, 54-62 (NTV)

Metámonos por un momento en la escena, Jesús y sus discípulos compartiendo la última cena, estaban celebrando la pascua, era la última vez que estarían todos juntos. Fue un momento único, tres años al lado del maestro, día y noche, aprendiendo de Él, siguiéndole, disfrutando de sus enseñanzas, pero la hora había llegado, la crucifixión de Jesús era inminente. Jesús le dice: “Pedro, escúchame bien, Satanás ha pedido permiso a Dios para ponerles pruebas difíciles a todos ustedes, y Dios se lo ha dado. Pero yo he pedido a Dios que te ayude para que te mantengas firme. Por un tiempo vas a dejarme solo, pero después cambiaras y ayudaras a tus compañeros para que siempre se mantengan fieles a mí”. Lucas 22:31-32 (TLA). Pedro escucha a Jesús e inmediatamente, manifestó su desacuerdo. Llega a decir que el Señor y las escrituras, estaban equivocados. Se muestra con una actitud de superioridad respecto a los otros: “¡aunque todos se escandalicen, “¡Yo no!”, “¡Yo no!” Mateo 26:33 (RVC). Le estaba diciendo al Señor, los demás te pueden fallar, pero yo no, jamás lo haría, soy incondicional. Maestro, si tengo que ir a la cárcel, contigo iré, si tengo que morir junto a ti, lo haré. ¡Yo no te dejaré! Jesús lo mira a la cara y le dice: Pedrito, Pedrito hoy mismo, antes que el gallo cante me negarás tres veces. Jesús fue arrestado en aquella misma noche y llevado por soldados con espadas y palos, como si fuera un ladrón o un cruel asesino, a la casa del sumo sacerdote. Pedro le seguía de lejos…, ni muy cerca como para ser descubierto, ni demasiado lejos como para perderse el espectáculo. Llega al patio del lugar donde interrogaban a Jesús, allí había una fogata, con un grupo de guardias calentándose alrededor del fuego. Pedro se acerca y se suma al grupo, tal vez anhelando recabar alguna información. ¿Qué estaría pasando con Jesús? ¿Cuál sería su destino? Pero repentinamente una criada comienza a mirarlo fijamente y dice: “Este estaba con Él, es uno de los seguidores de Jesús” Lucas 22:56. Aquella mujer había puesto al apóstol en aprietos, las acusaciones comenzaron a llover por todos lados, los guardias comenzaron a voltearse hacia Pedro, se sentía observado. Pedro se había acercado junto al fuego para calentarse, pero de pronto se dio cuenta que se estaba quemando. Su respuesta fue: “Mujer, ni siquiera lo conozco” Lucas 22:57 (NTV). Un rato después, alguien más lo vio y dijo: “Seguramente tu eres uno de ellos” Lucas 22:58 (NTV) Pedro respondió “¡No, no lo soy!” Lucas 22:58 (VBL). Como una hora más tarde, otra persona insiste, afirmando: ¡No hay duda! Este verdaderamente es uno de ellos porque es galileo, pero Pedro vuelve a negarlo por tercera vez y comienza a echar maldiciones sobre sí mismo. No solo niega ser seguidor de Jesús, ¡sino que dice no conocerlo, no conocerlo! Mientras aun hablaba Pedro, el gallo cantó… el gallo cantó y él recordó automáticamente las palabras del maestro, estas comenzaron a retumbar como un eco en su mente: “Mañana por la mañana, antes de que cante el gallo, me negaras tres veces” Lucas 22:61 (NTV). ¿Cómo salir de esa situación en la que nunca debería haberse metido? Ahora vemos al valiente y arrojado Pedro negando a su maestro con juramentos y echando maldiciones sobre sí mismo. ¿Dónde había quedado aquella fidelidad hasta la muerte que había prometido a Jesús y de la que alardeaba delante de los apóstoles? ¿Cómo podía decir que no conocía al Señor si había pasado con Él los 3 años más hermosos de su vida? ¿No había estado Jesús en casa de Pedro sanando a su suegra? ¿No había acaso usado su barca como púlpito improvisado y habían ido juntos a pescar siendo testigo y protagonista en la pesca milagrosa? ¿No lo había elegido como uno de sus apóstoles? ¿No había subido con el Señor al monte y le había visto transfigurarse? ¿No le había hecho caminar sobre las aguas y lo salvó de ahogarse en el mar de galilea? ¿Cuántos momentos entrañables vividos juntos y ahora decía no conocerle? Pedro había desobedecido, estaba en el lugar equivocado, con la actitud equivocada. Admitir una relación con Él implicaba pagar un precio, tal vez hasta perder la vida, y seguramente por temor lo negó. Aquella noche Pedro fue víctima de su miedo y su debilidad, tuvo que afrontar las consecuencias de una mala decisión, que lo llevó a un lugar equivocado, a juntarse con gente que no debía, a calentarse en un fuego que no correspondía y que terminó quemándolo y destruyendo lo más preciado que tenía: su relación con Jesús. En ese momento, justo después de que Pedro lo haya negado por tercera vez, Jesús estaba siendo llevado para compadecer ante el tribunal de Pilato y pasó por el patio donde estaba Pedro y en un breve instante Jesús se volvió para mirarlo. El maestro lo mira a los ojos, no hubo palabras, no hubo reproches, no hubo acusación, tan solo una mirada que conmovió hasta lo más profundo de su ser, que destrozó su orgullo, su autosuficiencia. No hay palabras, no hay argumentos, no hay justificación, solo un Pedro quebrantado que lloró amargamente, fue un llanto de dolor, tal vez de bronca por lo que había hecho. ¿Qué habrá sentido Pedro en ese momento? Traicionó a su maestro, a quien amaba, a quien siguió incondicionalmente. ¿Cómo podía haber negado a Jesús? Sintió culpa y vergüenza, tanto, que buscó esconderse. Este es el Pedro que Jesús llamo mientras estaba con Andrés (su hermano) echando la red en el mar, pues eran pescadores y les dice: “Síganme que los haré pescadores de hombres” Mateo 4:19. Y ellos, dejando sus redes, sus barcas, sus familias, dejándolo todo, siguieron a Jesús. Podemos ver que Jesús no lo eligió por ser el más inteligente o el más culto, Pedro era impetuoso, arrebatado, pero con una mezcla de fe, entusiasmo y bondad que cautivaron al maestro. Si hoy se le hiciera un test psicológico nadie lo admitiría para dirigir una gran empresa (la inestabilidad pone en peligro los negocios) sus antecedentes no inspiran confianza y un partido político se guardaría mucho de convertirlo en su líder. Esto demuestra una vez más que nuestros criterios de eficacia tienen poco que ver con los de Dios. Jesús no vio en Pedro un fracaso, no se fijó en sus circunstancias, en sus atributos humanos, Él vio el modelo terminado. Sus ojos naturales tal vez divisaban una simple piedra sin pulir, pero con los ojos de la fe Jesús visualizó el maravilloso diamante en el que se convertiría. Tal es así que le cambia el nombre y le dice: no te llamaras más Simón, desde ahora serás Pedro, (que significa roca), desde ahora serás una nueva criatura, serás diferente, tanto, que hasta tendrás un nuevo nombre y declara: “Sobre esta roca… edificaré mi Iglesia” Mateo 16:18. Simón se convirtió en Pedro, un Pedro que pasará por un proceso de aprendizaje, de caídas, de frustraciones, pero que finalmente será restaurado y cumplirá plenamente el propósito que Dios tenía para él. Después de la negación, Pedro se sentía completamente hundido, había fallado y traicionado a su maestro, así que decidió volver a su lugar de origen, a su antigua vida, a su fracaso, a esas redes sucias y esa barca averiada, a ese lugar al que pensó que no volvería más, ¿qué importaba ya? Y allí estaba Pedro junto a otros discípulos diciendo: “me voy a pescar”, con un dejo de tristeza que dejaba entrever como se sentía, como estaba dolido su corazón. Esa noche no pudieron atrapar ni un solo pez. De repente en la playa se aparece Jesús, estaba de pie a la orilla del lago preguntándoles si habían pescado algo. La respuesta fue negativa y Jesús les dice: tiren la red a la derecha de la barca y fue tal la cantidad de peces que atraparon que no podían sacar la red del agua. Pedro reconoce el milagro, el mismo milagro de hace tres años atrás, cuando lo llamo. Dice que inmediatamente se coloca su túnica, se tira al agua y va nadando al encuentro de su maestro. Jesús prepara una fogata y un pescado y los invita a comer. El maestro rompió el silencio y se dirige a Pedro, pero no le llama Pedro, sino Simón, y le pregunta: “Simón, ¿me amas? Y Pedro le responde: Sí Señor, tu sabes que te amo y le dice “apacienta mis corderos”. Jesús le pregunta una segunda vez ¿me amas? Sí Señor, tu sabes que te amo, entonces “pastorea mis ovejas”. Le dice una tercera vez, Simón ¿me amas? Pedro se entristece de que le pregunte por tercera vez y le responde: Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te amo y Jesús le dice “Apacienta mis ovejas” Juan 21:15-17. El Señor preparó un fuego allí y lo esperó. Había sido alrededor de un fuego, en el patio del sumo sacerdote, donde Pedro niega a Jesús y era precisamente en otro fuego donde ahora se iba a producir la restauración, dos fuegos: el de la negación y el de la restauración. Jesús pregunta tres veces “¿me amas?” una por cada negación de Pedro. Antes de restaurarlo públicamente y ponerlo al frente de la Iglesia el Señor exige una nueva confesión de fe. Pedro era un hombre diferente, tanto que ya no hacía promesas, no tenía argumentos, ni excusas. Lo único que pudo decir fue: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” Juan 21:17 (RVR1960). Jesús le dice a Pedro: «aunque me negaste tres veces, aunque me traicionaste, mis sueños, mi visión hacia ti no han cambiado, mis planes no se han movido. Vamos Pedro, vuelve al juego… - ¡pero Señor, ¡no soy digno! - ¡claro que lo eres!, he invertido una resurrección en ti». Pedro niega tres veces a Jesús, pero Jesús insiste en él, no le suelta la mano, en lugar de ofenderse, de recriminarle, de reprocharle, solo le hace una pregunta clave… Si lo seguía amando… Es la única condición que le pone para volver al ruedo, porque el amor del Jesús por él era incondicional, no había cambiado. Si sientes que le has fallado al Señor una y otra vez, que rompiste todas las promesas que le has hecho, que ya no eres digno para presentarte delante de Él, para servirle. Déjame decirte que el amor de Dios por ti no cambia. Él te ama cuando eres fuerte y cuando eres débil, cuando eres fiel y cuando prometes y le fallas. Él te ama sin condiciones, siempre. No importa cuán profundo caíste, cuan grave fue tu pecado. Él te puede levantar, restaurar y llevarte a la victoria tomado de su mano. Jesús vino para darte vida en abundancia, para ponerte como cabeza y no cola. Un fracaso no tiene por qué ser el fin de todo. Dios puede transformar tu fracaso en bendición, tu caída en restauración, tu debilidad en fortaleza y tu derrota en victoria. Jesús te ve como la roca que serás, Él te ve con todo el potencial que tienes cumpliendo su propósito, te ve como el protagonista de la victoria. Jesús cree en ti, aunque nadie más lo haga, Él no se da por vencido contigo y no te dejará hasta bendecirte. Hoy al igual que lo hizo con Pedro quiere cambiarte el nombre, te llamara vencedor, campeón, hijo de Dios, hijo del Rey de Reyes. Su amor no cambia, es un Dios de gracia y misericordia que derramó su sangre en la cruz por ti y por mí, para limpiarte y para perdonar tus pecados. Hoy te está llamando, déjalo entrar a tu corazón. Te quiere rescatar, amar, abrazar. No viene a ti con un dedo acusador sino simplemente para preguntarte “¿me amas?” Al igual que Pedro, despójate de la vergüenza, del temor, salta del barco equivocado al que has subido y nada con fuerzas hacia Jesús. Él preparó una fogata para ti y te está esperando. “Pues su ira dura sólo un instante, ¡pero su favor perdura toda una vida! El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría” Salmos 30:5 (NTV). Dios te está dando una nueva oportunidad, como a Pedro, Él quiere usarte, quiere hacer de ti una roca fuerte, quiere enviarte a pastorear sus ovejas. No mires hacia atrás porque a partir de hoy todo, todo, todo es hecho nuevo. La gloria de Dios desciende sobre tu vida y te llena de unción. Llevarás miles a los pies de Cristo. No digas nada, solo confiésale como lo hizo Pedro, “Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo.” ¿Cuál será nuestra actitud este año? ¿Nos haremos los distraídos, indiferentes, tal vez sordos espirituales? ¿Hasta cuándo seguiremos sentados en nuestra zona de confort porque salir nos da temor? ¿Y si fracaso? ¿Si se burlan? ¿Si salgo herido? ¿Si el diablo toma revancha? ¿Si no es realmente el propósito de Dios? Es cuestión de actitud. ¿Seguiremos en modo “ahorro de energía” o en “modo power”? La invitación este día es tener la actitud de conquista, la de Josué y Caleb, la de los que no se dejan intimidar por los gigantes, sino que se valen de las poderosas armas espirituales y se toman de las promesas de Dios para apropiarse de la Tierra Prometida. Dios no da una nueva oportunidad, no la desperdiciemos este año. La invitación es concreta: orar, escuchar su voz, visualizar y activar en fe. No es tiempo de estar en el banco de suplentes, hoy Dios te entrega la camiseta de titular, determínate a conquistar para Cristo.