La Escuela del Espíritu: Aprendiendo a pensar de nuevo - 05/07/26 - #1411

Episode 436  ·  Jul 05, 08:50 PM
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 Pastora Silvia Cinalli
 05/07/26

La Escuela del Espíritu: Aprendiendo a pensar de nuevo

Con los ojos bien abiertos hacia las misericordias de Dios… deja que Dios moldee tu mente desde adentro, para que así puedas probar en la práctica que el Plan de Dios para ti es bueno…”, Romanos 12:1-2. (Traducción de J.B. Phillips).

Otra versión, lo resume así: “Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir” (DHH). Ese llamado a cambiar la manera de pensar es, en el original bíblico, una metamorfosis. Es la palabra que se usa para describir la transfiguración de Jesús en el monte (Marcos 9:2-3) y la misma que Pablo emplea en 2ª Corintios 3:18 cuando dice que: “mirando… la gloria del Señor, somos transformados… por el Espíritu del Señor” (RVA). Para la Biblia, la transformación no es un esfuerzo intelectual ni un curso de capacitación; es un proceso que ocurre únicamente cuando pasamos tiempo en la presencia de Dios. La lectura literal del texto nos da una orden continua: debemos seguir siendo transformados por la renovación de nuestra mente”. La gran pregunta que debemos responder es: ¿cómo sucede esto en la práctica? ¿Cómo se cambia una mentalidad arraigada?

Para entenderlo, Dios nos dejó el ejemplo perfecto en la vida de Saulo de Tarso. Antes de conocer a Cristo, Saulo era una de las mentes más brillantes de su época, pero con pensamientos extremadamente rígidos y legalistas. Su lógica estaba tan distorsionada que creía que perseguir, encarcelar y matar a los cristianos (hombres y mujeres por igual) era un deber sagrado para con Dios. 
Ese proceso de metamorfosis no ocurrió de la noche a la mañana, sino que avanzó a través de pasos muy profundos que desmantelaron su antigua forma de pensar:


Paso 1. La confrontación celestial: Todo comenzó camino a Damasco. Una luz enceguecedora lo derribó y una voz le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Es inútil que luches contra mi voluntad”. Hechos 26:13-14 (NTV). Al preguntar quién hablaba, la respuesta lo sacudió por completo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”, Hechos 26:15 (NTV). En ese instante, cayeron todos sus argumentos: él creía que defendía a Dios, pero descubrió que estaba peleando contra Dios. Para que el Espíritu Santo siembre pensamientos nuevos en tu vida, primero debe sacudir tus certezas humanas. Puede usar una luz brillante; la compañía de un “desconocido en el camino” como en Emaús (Lucas 24:13-33), un silbo apacible como con Elías (1° Reyes 19:11-13), o la voz de tu pastor reflejando la voz del Señor, como ocurrió con el joven Samuel (1° Samuel 3:3-13). Dios no tiene límites.

Paso 2. El aislamiento y el quiebre: Inmediatamente después de este impacto, Saulo entró en una etapa de ceguera y retiro. Pasó tres días en completa oscuridad, sin comer ni beber, Hechos 9:9. En esa profunda soledad y ayuno, el Espíritu Santo expuso su interior y quebrantó su orgullo. Fue un reinicio total para su cerebro. Nuestras dificultades hoy tienen exactamente ese propósito: exponer qué hay realmente dentro de nosotros. 

Paso 3: La llenura del Espíritu Santo. Un discípulo llamado Ananías lo visitó, impuso sus manos y algo parecido a escamas cayó de los ojos de Saulo. Luego vino el tiempo de la sanidad y la llenura del Espíritu Santo. Al recibir la llenura, su antigua forma de ver el mundo —saturada de odio y legalismo— se desprendió, permitiéndole ver la gracia y el amor de Dios, Hechos 9:10-18. 

Paso 4: El retiro en Arabia. Esas experiencias iniciales no fueron suficientes. Saulo necesitó retirarse al desierto de Arabia por un tiempo prolongado, de años (Gálatas 1:18). Allí, a solas con Dios y en la quietud del silencio, el Espíritu Santo reescribió toda su teología. Tomó el Antiguo Testamento y le reveló cada profecía a la luz de Jesús como el Mesías. Pasó de un conocimiento intelectual a una revelación espiritual transformadora que sanó sus más profundos recuerdos por su pasado violento. Esos años de intimidad intensiva se convirtieron en el motor de su vida, una búsqueda espiritual que jamás declinó, llevándolo a decir más tarde: “Dios es testigo de que siempre oro por ustedes”, Romanos 1:9 (BLS). Como también nos exhortó: en 1ª Tesalonicenses 5:17: “Oren en todo momento” (BLS). “Nunca dejen de orar” (PDT).

Al mirar este proceso de transformación, debemos confrontar nuestra propia realidad y preguntarnos: ¿Qué estamos buscando hoy en la iglesia? Muchos buscan aliviar sus dolores, aplacar sus ansiedades o encontrar un respiro de los demonios que los torturan y atormentan, pero nunca han pensado en rendirse completamente a Cristo. Otros buscan acallar la conciencia, la culpa o conformar a la familia. El peligro de escuchar la verdad sin obedecerla es que endurece el corazón y destruye la fe verdadera. Esa dureza nace de rechazar la voluntad de Dios repetidamente, por eso el Salmo 95 y Hebreos 3 y 4 nos recuerdan la importancia de mantener el corazón blando mediante la gratitud y la sumisión
Salmo 95:8: “No sean tercos (PDT), no endurezcan sus corazones (BLA), no sean descuidados, no sean insolentes (paráfrasis)”. Si Dios te ha hablado, nos ha hablado y no hemos obedecido, estamos en este camino.
Seamos honestos: queremos el ministerio de Pablo, pero no sus ayunos ni sus retiros; queremos el fuego de Elías, pero sin el desierto ni las batallas; queremos la unción de Jesús, pero sin sus noches de oración, sus vigilias en el huerto y, mucho menos, su cruz. La verdadera espiritualidad no es una paz superficial, sino una transformación profunda que requiere decisión y perseverancia a través de las disciplinas espirituales, usándolas como puentes para encontrarnos con Dios y no como fines en sí mismas.

La historia de la iglesia ratifica que los encuentros reales con el Espíritu Santo transforman la mente y reconfiguran la vida por completo. Un ejemplo es el Avivamiento de la Calle Azusa en 1906. En una choza destartalada, un predicador afroamericano llamado William J. Seymour lideró reuniones donde buscaban la presencia de Dios. Lo que ocurrió fue una metamorfosis real: personas blancas, negras, hispanas y asiáticas, que por leyes y traumas del pasado se odiaban, caían juntas de rodillas llorando y abrazándose. Los testigos decían que experimentaban una auténtica paz y “limpieza de la memoria” en quienes habían visto torturas, asesinatos y todo tipo de maldades. El milagro ocurría en un instante, pero la espera en Su presencia era intensa, perseverante y sostenida. La congregación pasaba horas en silencio sobre un suelo cubierto de aserrín, entrenando sus sentidos para alinearse con Dios y desocupando la mente de preocupaciones terrenales. Sin programas ni estructuras, el miedo y el rencor del cerebro emocional eran reemplazados por una comunión profunda y cercana con el Espíritu Santo.

Hoy en día, las neurociencias confirman el poder de la vida espiritual auténtica. Dios nos diseñó con neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y reorganizarse. Allí la gracia de Dios interviene para renovar nuestra biología y sanar nuestra alma. No se borra el pasado, sino que se construyen nuevas carreteras neuronales a partir del amor. Cuando el Espíritu Santo llega se recibe la certeza absoluta de ser amados y aceptados por Dios. Esto reconfigura nuestro cerebro y produce paz en todo nuestro ser. Mientras el pensamiento positivo superficial no cambia el cerebro; el pensamiento con alto peso emocional, significado espiritual profundo y repetición constante (perseverancia) sí rompe con el poder del pasado y de los errores. Meditar y repetir las promesas bíblicas es un acto de sanidad biológica y espiritual, que continúa de manera creciente hasta que tu cerebro las asimila como lo que son: ¡verdades inmutables y poderosas! Consejos para transitar las nuevas rutas de sanidad en el Espíritu:

-          Dale a tu cuerpo señales de seguridad y calma. No existe en el universo un sitio más seguro que la presencia del Señor. Cree en sus promesas. “Sé muy bien lo que tengo planeado para ti, dice el Señor, son planes para tu bienestar, no para tu mal. Son planes para darte un futuro y una esperanza”, Jeremías 29:11 (PDT). “Aunque mis padres me abandonen, el Señor se encargará de mí”, Salmo 27:10 (PDT). “Con amor eterno te he amado (dice Dios) y por eso te sigo mostrando mi fiel amor”, Jeremías 31:3 (PDT). “No tengas miedo… Cuando atravieses las aguas, yo estaré contigo. Cuando cruces los ríos no te ahogarás. Cuando tengas que atravesar por fuego, no te quemarás…”, Isaías 43:1-2 (PDT).

-          Renuévate en espacios de disfrute diario: No busquemos milagros instantáneos, sino victorias diarias. Practica la gratitud, en todo tiempo y a toda hora. Recréate en las bendiciones que tienes, elije lo bueno. Usa tus sentidos como anclas para agradecer tu presente y hacerte consciente de las bondades de Dios que se encuentran a cada paso, en el día a día. Todo esto irá llevando las sombras del pasado a las profundidades del mar.

-          Visualiza por fe el proceso en constante avance: Dios te diseñó con la asombrosa capacidad de retornar al equilibrio y crecer en medio de las adversidades. El motor de la metamorfosis no es lo que haces para Él, sino quién eres tú cuando estás a solas con Él.
Entra hoy a la Escuela del Espíritu, pasa tiempo en Su presencia y deja que Dios reescriba tus pensamientos desde adentro hacia afuera. “No recuerden ni piensen más en las cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo, y ya he empezado a hacerlo. Estoy abriendo un camino en el desierto y haré brotar ríos en la tierra seca”, Isaías 43:18-19 (BLS).