Cuando Dios abre la puerta, yo doy el paso y todo cambia - 11/10/2026 - #1425
Episode 450 · Oct 13, 10:56 AM
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Pastor José Luis Cinalli
11/10/2026
Cuando Dios abre la puerta, yo doy el paso y todo cambia
11/10/2026
Cuando Dios abre la puerta, yo doy el paso y todo cambia
“Yo he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”, Apocalipsis 3:8 (RVR1960).
Solemos pedirle a Dios una oportunidad. Oramos por un trabajo. Por una puerta ministerial. Por una relación restaurada. Por una oportunidad económica. Por un nuevo comienzo. Y un día la puerta se abre. ¿Y qué hacemos? Porque una puerta abierta no sirve de nada si no estamos dispuestos a atravesarla.
Dios puede abrir la puerta, pero nosotros tenemos que dar el paso. Israel estaba frente al mar Rojo. Detrás venía Faraón. Delante no había camino. Moisés clamó a Dios, y Dios le respondió: “¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que sigan adelante!”. Éxodo 14:15 (NVI). ¡Qué frase! El pueblo estaba esperando que Dios hiciera algo. Y Dios les estaba diciendo: “Muévanse”.
Hay momentos en los que seguimos orando por algo que Dios ya nos mandó hacer. Seguimos pidiendo confirmación. Seguimos esperando una señal. Seguimos diciendo: “Señor, dime qué hago”. Y Dios ya habló. Ahora toca caminar. ¡La fe no solo sabe esperar; la fe también sabe avanzar! Porque hay milagros que no empiezan cuando Dios abre la puerta. Empiezan cuando nosotros damos el primer paso.
1. Pedro: La fe pisa el agua antes de ver el milagro.
Los discípulos estaban en medio de una tormenta. Jesús apareció caminando sobre el agua. Pedro le dijo: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas”, Mateo 14:28 (NVI). Jesús respondió con una sola palabra: “Ven”, Mateo 14:29. Pedro tenía dos opciones. Podía quedarse dentro de la barca hablando de fe o podía salir de la barca y demostrarla. Y Pedro salió. El milagro no ocurrió dentro de la barca. Comenzó cuando Pedro puso un pie afuera.
Los discípulos estaban en medio de una tormenta. Jesús apareció caminando sobre el agua. Pedro le dijo: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas”, Mateo 14:28 (NVI). Jesús respondió con una sola palabra: “Ven”, Mateo 14:29. Pedro tenía dos opciones. Podía quedarse dentro de la barca hablando de fe o podía salir de la barca y demostrarla. Y Pedro salió. El milagro no ocurrió dentro de la barca. Comenzó cuando Pedro puso un pie afuera.
Hay personas que llevan años pidiéndole a Dios que cambie su vida, pero siguen sentadas en la misma barca. Quieren un matrimonio diferente, pero siguen tratándose de la misma manera. Quieren una economía diferente, pero siguen administrando igual. Quieren una oportunidad, pero no se preparan para ella. No confundas prudencia con miedo. No confundas esperar en Dios con quedarte inmóvil. Hay momentos en los que la fe deja de orar y empieza a caminar.
Quizás hoy Dios te está diciendo: “Perdona”. “Empieza”. “Renuncia”. “Estudia”. “Llama”. “Ordena”. “Sirve”. “Da el primer paso”. No necesitas saber cómo terminará el camino. Necesitas obedecer el próximo paso. Pedro no tenía el camino asegurado. Tenía una palabra: “Ven”. La fe no siempre necesita un mapa. A veces solo necesita un paso.
2. Josué: La promesa exige movimiento.
Después de cuarenta años de desierto, Israel finalmente estaba frente a la tierra prometida. Pero había un problema. El Jordán estaba desbordado. Josué recibió una instrucción extraña. Los sacerdotes debían entrar al río llevando el arca. “Tan pronto como los sacerdotes que llevan el arca… pongan los pies en el Jordán, sus aguas dejarán de fluir”, Josué 3:13 (NVI). Observa el orden. Primero los pies. Después el río se abrió. No fue: “Cuando el río se abra, entren”. Fue: “Entren, y entonces verán lo que hago”.
Después de cuarenta años de desierto, Israel finalmente estaba frente a la tierra prometida. Pero había un problema. El Jordán estaba desbordado. Josué recibió una instrucción extraña. Los sacerdotes debían entrar al río llevando el arca. “Tan pronto como los sacerdotes que llevan el arca… pongan los pies en el Jordán, sus aguas dejarán de fluir”, Josué 3:13 (NVI). Observa el orden. Primero los pies. Después el río se abrió. No fue: “Cuando el río se abra, entren”. Fue: “Entren, y entonces verán lo que hago”.
Los sacerdotes tuvieron que mojarse los pies. Muchas veces Dios nos pide que demos el primer paso. La fe se ensucia los pies. La fe se levanta temprano. La fe estudia. La fe trabaja. La fe perdona. La fe empieza, aunque todavía tenga miedo. No esperes que Dios abra todo el camino para entonces caminar. A veces el camino aparece mientras caminas. El Jordán no se abrió para los espectadores. Se abrió para los que entraron. La promesa estaba delante de ellos. Pero tuvieron que mojarse los pies.
Los que se quedaron mirando la puerta
Hay personas que no pierden su milagro porque Dios les cerró una puerta. Lo pierden porque tuvieron miedo de cruzar la puerta que Dios abrió. Dios abre. Pero ellos no salen. Dios llama. Pero ellos no responden. Dios dice “avanza”. Pero ellos siguen esperando otra señal. Miremos dos advertencias:
1. Elías en la cueva: Cuando el miedo te paraliza.
Elías acababa de ver fuego caer del cielo. Pero una amenaza de Jezabel lo quebró. Corrió al desierto y se escondió en una cueva. Dios fue a buscarlo. Pasó un viento poderoso, después un terremoto y después fuego. Pero Dios no estaba en ellos. Finalmente llegó un silbo apacible. Y Dios le dijo: “Sal fuera y ponte en el monte delante del Señor”, 1º Reyes 19:11. Elías tenía que decidir: quedarse escondido o salir. Dios no le prometió que afuera no habría problemas. Le pidió que saliera.
Elías acababa de ver fuego caer del cielo. Pero una amenaza de Jezabel lo quebró. Corrió al desierto y se escondió en una cueva. Dios fue a buscarlo. Pasó un viento poderoso, después un terremoto y después fuego. Pero Dios no estaba en ellos. Finalmente llegó un silbo apacible. Y Dios le dijo: “Sal fuera y ponte en el monte delante del Señor”, 1º Reyes 19:11. Elías tenía que decidir: quedarse escondido o salir. Dios no le prometió que afuera no habría problemas. Le pidió que saliera.
El miedo siempre te ofrece la seguridad de tu cueva conocida. Te dice: “Quédate ahí”. “No arriesgues”. “No vuelvas a intentarlo”. Pero Dios no te sacó de tu pasado para que vivas escondido en él. Hay temporadas en las que la fe no necesita otra señal. Necesita una decisión. Quizás Dios ya te dijo que vuelvas a empezar. Que vuelvas a servir. Que vuelvas a confiar. Que vuelvas a intentarlo. No esperes que desaparezca todo el miedo. Sal con miedo. Pero sal.
2. La esposa de Lot: El costo de mirar atrás.
Dios estaba sacando a Lot y a su familia de Sodoma. Los ángeles dieron una instrucción clara: “¡Escapa por tu vida! No mires atrás”, Génesis 19:17. La puerta estaba abierta. El camino estaba delante. Pero la esposa de Lot “miró hacia atrás”, Génesis 19:26. Ella salió físicamente de Sodoma, pero Sodoma todavía estaba dentro de su corazón. Cruzó el umbral con los pies, pero no con el alma.
Dios estaba sacando a Lot y a su familia de Sodoma. Los ángeles dieron una instrucción clara: “¡Escapa por tu vida! No mires atrás”, Génesis 19:17. La puerta estaba abierta. El camino estaba delante. Pero la esposa de Lot “miró hacia atrás”, Génesis 19:26. Ella salió físicamente de Sodoma, pero Sodoma todavía estaba dentro de su corazón. Cruzó el umbral con los pies, pero no con el alma.
No puedes entrar a una nueva temporada agarrado de lo viejo. Hay cosas que Dios no te está pidiendo que arregles. Te está pidiendo que las sueltes. Hay hábitos que tienes que abandonar. Heridas que tienes que entregar. Lugares a los que no tienes que volver. Versiones de ti mismo que tienen que morir para que pueda nacer lo nuevo. No puedes caminar hacia adelante mirando hacia atrás. El futuro no se conquista con los ojos puestos en el pasado.
Cuando Dios abre una puerta, no solamente te dice “entra”. A veces también te dice: “No vuelvas”. Elías tuvo que salir de la cueva. La esposa de Lot tuvo que dejar Sodoma atrás. Uno tuvo que vencer el miedo. La otra tuvo que soltar el pasado. Los dos necesitaban lo mismo: avanzar. Y quizás eso es exactamente lo que Dios te está diciendo hoy. No necesitas otra señal. No necesitas otra confirmación. Necesitas dar el próximo paso.
Conclusión. Pedro salió de la barca y caminó. Josué entró al Jordán y vio abrirse el camino. Elías salió de la cueva. La esposa de Lot no pudo dejar de mirar atrás. La diferencia no fue la puerta. La diferencia fue la respuesta. Dios sigue abriendo puertas. Pero una puerta abierta no cambia nada hasta que alguien decide atravesarla. Por eso, no esperes otra señal. Si Dios ya habló, camina. Si tienes que pedir perdón, pide perdón. Si tienes que empezar, empieza. Si tienes que ordenar tus finanzas, ordénalas. Si tienes que soltar algo, suéltalo. Si tienes que dar un paso de fe, dalo.
No esperes sentirte completamente preparado. La fe no elimina el miedo. La fe decide avanzar a pesar del miedo. Quizás todavía no ves el camino. No importa. Pon el pie. Quizás todavía no ves el agua abrirse. No importa. Entra al río. Quizás todavía no entiendes cómo Dios lo va a hacer. No necesitas entenderlo todo. Necesitas obedecer. Porque cuando Dios abre una puerta, no siempre te da un mapa. A veces solamente te dice: “Ven”. La puerta está abierta. El paso es nuestro. El camino lo abre Dios. Y cuando damos el paso, todo cambia.
