La llave maestra a lo imposible 29/8/2021 #1159

Episode 170,  Aug 29, 2021, 11:21 PM

Pastor José Luis Cinalli
29/8/2021
La llave maestra a lo imposible

Si bien es cierto que el ayuno individual tiene recompensa (Mateo 6:18) la bendición que se obtiene del ayuno grupal es aún mayor. El ayuno corporativo es una bomba nuclear espiritual de dimensiones cósmicas. Estudia la Biblia y lo verás. El mayor avivamiento de la historia nació como resultado de un ayuno colectivo. ¿Quiénes ayunaron? “… Juan el Bautista ayunaba…”, Mateo 11:18 (TLA). Y también sus discípulos: “… Los seguidores de Juan… ayunan mucho y hacen muchas oraciones, Lucas 5:33 (DHH). Cuando Jesús comenzó su famoso ayuno de 40 días, Juan y sus discípulos ya eran ‘famosos’ por sus frecuentes ayunos. Ahora bien, si Ana hubiera vivido seguramente se habría agregado a ese ejército de ayunadores, ya que a los 84 años “… pasaba los días y las noches entregada a la oración y el ayuno, Lucas 2:37 (CST). No podemos ignorar el modelo y la eficacia del ayuno colectivo. El fermento del más grande mover espiritual de la historia fue la oración y el ayuno de gente invisible que dio lugar a un movimiento invencible. La enseñanza es clara: ¡el ayuno colectivo y prolongado prepara el escenario para una gran cosecha espiritual!

Hay batallas que parecen imposibles de ganar; territorios imposibles de conquistar: la salvación de algún miembro de la familia, la sanidad de una economía hundida o la recuperación de un matrimonio en terapia. En esos casos hay que emplear armamento pesado. Las ataduras más difíciles son rotas solo cuando se combina oración y ayuno. Eso sí, no te desanimes si no ‘sucede nada’ mientras estás ayunando. Los avances vienen a menudo después del ayuno y no durante su desarrollo. Fue después del ayuno colectivo entre Jesús, Juan y sus discípulos que comenzó un tiempo de conversiones en masa. Es cierto que los oídos se abrían, las piernas se estiraban y los muertos resucitaban; pero el más grande milagro fue ver a la gente regresar a Dios. La cosecha viene después del ayuno. El ayuno despeja los aires viciados por espíritus contrarios para que el mensaje de Dios penetre los corazones de la gente. Eso sí, el camino a la victoria está plagado de dificultades. Habrá oposición. El diablo buscará retrasar la agenda de Dios. Cuando se cumplió la fecha para que Israel fuera libre Daniel oró y ayunó para que la profecía se cumpliera, Daniel 9:3. ¿Y qué sucedió? “… Dios… contestó”, Daniel 9:23 (PDT). Sin embargo, aunque Dios había soltado la bendición, la liberación no llegaba. ¿Por qué? Porque habían fuerzas demoníacas trabajando en contra: “Pero el príncipe del reino de Persia me ha opuesto resistencia… yo estaba retenido…, Daniel 10:13 (BLPH). La bendición divina estaba retrasada hasta que Daniel oró y ayunó. El diablo no soltará fácilmente sus más preciados tesoros. Las almas de nuestros seres queridos y de aquellos que van derechito al infierno solo serán libres si peleamos con las mismas armas que peleó Daniel para liberar a toda una nación. Cuando los creyentes se ponen de acuerdo para orar y ayunar la bendición se suelta y la agenda de Dios avanza.

El ayuno colectivo es la llave maestra a lo imposible. Tiene el poder para cambiar ciudades (Nínive) y naciones (Israel). Pero entiéndase bien. No es el ayuno en sí el que opera la transformación. La victoria está en Dios y no en el ayuno. El ayuno prepara nuestro corazón para la bendición. Es el remedio bíblico para matar el orgullo y hacernos humildes: Bendeciré a los que tienen un corazón humilde y arrepentido…”, Isaías 66:2 (NTV); 1ª Pedro 5:5. Cuando los creyentes arreglan cuentas con Dios, las maldiciones se rompen y las bendiciones llegan. Por eso el motivo principal del ayuno es limpiar el canal por donde fluye la gracia y la bendición de Dios: “Humillarán sus almas… porque en este día (el día del ayuno)serán limpios de todos sus pecados delante del SEÑOR, Levítico 16:29-30 (NBLH). El ayuno nos permite acercarnos a Dios y reconocer cuán pecadores somos. Nos hace pequeños ante Dios y cuando esto sucede Él puede usarnos poderosamente. Por eso los ‘melenudos’ espirituales que hicieron historia eran humildes y también grandes ayunadores. Observa a Juan el Bautista. Su poder no radicaba en la dieta ni en su cabellera despeinada sino en su humildad y consagración. Su vida y su mensaje apuntaban a Dios. Utilizó su gran influencia para hacer que la gente se enamorara del novio (Juan 3:29) y no de su mejor amigo. El impacto de su ministerio fue tan grande que resucitó una nación dormida por la religiosidad y el pecado. Pero el éxito nunca se le subió a la cabeza. Nunca se intoxicó de poder. Sabía que la cantidad de gente que acomodaba en los estrados de las colinas no era más importante que su fidelidad a Dios y al mensaje que predicaba. Nunca hablaba ni se promocionaba a sí mismo. No era adicto a las fotos. Al contrario, huía de la fama y la popularidad. Incluso más, llegó al punto de ‘suicidarse ministerialmente’ al decir que su ministerio era insuficiente y que las personas debían seguir a otro líder: “A Jesús se le debe poner más atención y a mí menos”, Juan 3:30 (PDT). Él tiene que ser el importante, y yo dejar de serlo, Juan 3:30 (Kadosh). ¿Quién sigue hoy en día el modelo ministerial del más grande hombre nacido de mujer, Mateo 11:11? ¿Quién codicia su estilo de vida de extrema consagración? Sin embargo, el que quiera ser ‘grande’ como él deberá promocionar solo el ministerio de Cristo. Deberá adoptar un estilo de vida anticultural de retiro, ayuno y oración; predicar arrepentimiento y santidad y, sobre todo, ser humilde. Esa era su marca registrada. Y también la de Pablo quien a medida que se hacía ‘más grande’ se sentía ‘más pequeño’. Al principio de su ministerio dijo que era apóstol, después que era el más pequeño de… los apóstoles” (1ª Corintios 15:9); luego dijo que era menos que el más pequeño de todos los santos” (Efesios 3:8) y finalmente dijo que era el primero de los pecadores, 1ª Timoteo 1:15. No es casualidad que Dios haya usado tan poderosamente a hombres tan ‘pequeños’.   

¿Por qué es tan poderoso el ayuno? En primer lugar porque nos ayuda a reconocer para luego remover los pecados que en nuestra vida bloquean la presencia y la bendición de Dios. Nos ayuda a realinear nuestro afecto con Dios y sujetarnos al Espíritu Santo. Pero en segundo lugar porque nos ayuda a expulsar la incredulidad. En el famoso pasaje donde los discípulos no pudieron expulsar un demonio Jesús dejó bien en claro que existen fortalezas espirituales que solo se rompen con oración y ayuno, Mateo 17:21. Pero cuidado. No es el ayuno en sí el que expulsa los demonios. Los demonios no se van cuando nos morimos de hambre sino cuando tenemos fe. Jesús lo aclaró muy bien. Él dijo que el motivo por el que sus discípulos no pudieron sacar el demonio del niño fue la incredulidad: “… ¡Partida de incrédulos!... Ustedes no tienen la fe suficiente…””, Marcos 9:19 (PDT) y Mateo 17:20 (NTV). El apóstol Juan dijo: “… Esta victoria únicamente puede obtenerse por la fe”, 1ª Juan 5:4 (CAS). Jesús no dijo “cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿hallará ayuno y oración en la tierra?”. No, Jesús preguntó: “¿A cuántas personas con fe encontraré en la tierra?, Lucas 18:8 (NTV). Los milagros no llegan porque falta fe. Jesús dijo: “Para el que tiene fe, todo es posible”, Marcos 9:23 (BLPH). Y luego agregó: “… Les aseguro que si tuvieran fe… nada les resultaría imposible”, Mateo 17:20 (BLPH). Los demonios tienen autoridad sobre nosotros solo cuando no tenemos fe. Entonces, para aumentar nuestra fe necesitamos oír la voz de Dios y eso se logra cuando pasamos tiempo con Él mediante las disciplinas espirituales, especialmente la oración y ayuno. El ayuno centra el oído del hijo en la voz del Padre. Cuando ayunamos la vida espiritual aumenta y los sentidos espirituales se desbloquean. Los días de hambre renuevan nuestra relación con Dios y eso aumenta nuestra fe. Y la fe vence al mundo, 1ª Juan 5:4. Por eso si alguna vez sientes el deseo de ayunar ten por seguro que ese impulso no viene del diablo. Él detesta que un cristiano fortalezca su fe porque sabe que de esa manera su derrota está próxima. ¿Lo ves? Por donde lo mires el ayuno es un gran negocio.

Consideremos ahora a Pablo. ¡Qué hombre tan ungido! ¿De dónde provenía su unción y revelación? Directamente de Jesús: “… Lo recibí por revelación directa de Jesucristo, Gálatas 1:12 (NTV). Pablo se encontró personalmente con Jesucristo y caminaba en revelación sobrenatural todo el tiempo, al punto de decir: “Cristo vive en mí”, Gálatas 2:20 (NTV). Si Pablo tenía semejante autoridad, poder y revelación ¿por qué ayunaba? Pablo dijo: “Muchas veces me he quedado en ayunas”, 2ª Corintios 11:27 (BAD). No necesitamos ser doctores en teología para darnos cuenta que su autoridad y poder espiritual eran el resultado del continuo compañerismo que tenía con Dios a través de las disciplinas espirituales de la oración y el ayuno. Pablo era sensible a la voz de Dios y un poderoso instrumento en sus manos porque mantenía su pureza y humildad a través de los constantes ayunos. ¡Su secreto estaba en el lugar secreto!

Una reflexión final. Jesús recriminó a sus discípulos por su falta de fe: “Generación incrédula y perversa”, Lucas 9:41. ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¿Tenemos la certeza de que no fracasaríamos en expulsar demonios si estuviéramos en el lugar de aquellos discípulos? La verdad es que nos falta tanta fe como a ellos. Y, ¿cuál fue el remedio que Jesús prescribió para ser sanos de incredulidad? ¡Oración y ayuno! El médico divino acaba de hacer la receta con el medicamento apropiado. ¿Lo tomaremos?